Las canas

Las canas son simpáticas. Una cabeza con canas es agradable y ante ella se experimenta una sensación de frescura: es que tal vez, por asociación de ideas piense uno en las cimas de los volcanes. Pero hay cabezas canosas cuya vista molesta y hacen apretar fuertemente los puños. Las hay tan odiosas que involuntariamente hecha uno de menos el hacha del verdugo. La nieve, al caer, cubre indistintamente una flor o la carne podrida de algún animal.

Las canas de Porfirio Díaz, ¿habrá canas más odiosas? Respetad las canas; respetad la ancianidad de nuestro gran Presidente, gritan hasta ponerse roncos los lacayos del tirano. Los osos polares tienen el pelo blanco. ¿Respetarán a los osos polares esos sentimentales señores? ¿Se quitarán el sombrero ante las hienas viejas?

La ancianidad es simpática ciertamente y merece atenciones. El corazón rebosa cariño ante las manos temblorosas y los labios balbucientes de los viejos. Historia hecha carne y hueso son los viejos. Respetémoslos.

Pero ¿qué decir de las canas ensangrentadas? ¿Qué decir de las manos temblorosas que saben decretar de una plumada la muerte, el destierro o la prisión de los hombres más buenos? ¿Qué decir de los labios que ante las lágrimas de las mujeres, la orfandad de los niños y el desamparo de los ancianos, ante el sufrimiento de toda una raza tienen fuerza para decir: yo mando; obedeced?

Ancianidad maldita es la de los tiranos. Malditas las canas humedecidas con la sangre y las lágrimas de la humanidad. Benditas las canas de un Hidalgo o de un Ferrer; malditas las cabecillas canosas de un Doctor Francia[1] o un Porfirio Díaz.

Canas, nieves, lirios, blancas nubes: enrojeced. Vive aún la deshonra de todas las blancuras, la vergüenza de todas las purezas: aun alienta la ancianidad odiosa de Porfirio Díaz. La inmundicia destinada a las moscas es a veces protegida por la nieve.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 9, octubre 29, 1910.



[1] José Gaspar Rodríguez de Francia (1776-1840) Político y abogado paraguayo. Inspirador de la revolución que agitó la provincia de Paraguay en 1811 y que desembocaría en la independencia de ese país. En 1813 fue designado presidente y a partir de 1816 obtuvo el nombramiento de dictador perpetuo. Se le recuerda por la supresión de las libertades públicas y por el castigo ejemplar a sus oponentes. Gobernó sin ministros y mantuvo aislado al Paraguay para evitar amenazas extranjeras. Se le considera como el fundador de la nación paraguaya.