Regeneración N° 2, 15 agosto 1900

EL ASUNTO DEL “HIJO DEL AHUIZOTE”

Hasta nosotros ha llegado el rumor alarmante. Se ha dicho que se tiene el deseo de que El Hijo del Ahuizote1 no vuelva a publicarse, Cuando sobre el particular buscamos datos, tropezamos con el siguiente párrafo de un número de ese semanario, que se recogió por la policía en virtud de la denuncia que hizo un abogado, que consideró como injuria grave una inofensiva caricatura:  …«Habiendo denunciado D. Antonio Mercenario2 algunos números de “El Hijo del Ahuizote,” el Juez Primero Correccional interino Lic. D. Emilio Pérez de León, dictó orden de aprehensión contra D. Daniel Cabrera3, a pesar de saber perfectamente que está este ya retirado del periodismo. Y al efecto, el miércoles 11 del actual (Julio,) como a las doce del día y estando el Sr. Cabrera en su cama, casi moribundo porque su enfermedad es verdaderamente grave, se presentó el mismo Juez en persona y le intimó la orden de prisión.

«El Sr. Cabrera manifestó que no solamente no tenía que ver nada con la redacción de “El Hijo del Ahuizote” desde el pasado noviembre, sino que aun ignoraba lo que se había publicado, y que le parecía una injusticia aquella orden de aprehensión, siendo completamente extraño a la redacción y sobre todo estando en aquella situación en que no podía ni aun levantarse.

« El Juez permaneció inexorable, como corresponde a un funcionario, que por su profesión, tiene que despojarse de todo sentimiento de humanidad, y contestó que nada tiene que ver con aquellas disculpas, y que el Señor Cabrera, por el solo hecho de ser el propietario, debía ser aprehendido irremisiblemente.

«El señor Cabrera se limitó a decir que hiciese de él lo que quisieran.

«Hay que advertir que ha sufrido ya tres ataques de congestión cerebral, el último de los cuales le produjo una hemiplejia, y que su médico de cabecera el Sr. Doctor Secundino Sosa había advertido a su familia que el estado del enfermo era tan peligroso, que cualquiera impresión ruda, cualquiera preocupación, cualquier choque moral podía acarrearle el cuarto ataque que necesariamente tendrá que ser de consecuencias funestas.

«En aquella orden de prisión iba pues, implícita, una amenaza de muerte, y  no es extraño que tratándose de la vida de un hombre, su familia suplicara al Juez no ejecutase su orden, exponiéndole la verdadera gravedad del caso.

«Y la familia suplicó.

«Y el Juez entonces pidió hablar con el enfermo.
………………..

«Lo que se habló en aquella pieza, lo que pasó entre aquel Juez inexorable y aquel moribundo, esperamos que no se nos obligará a revelarlo.
………………..

«Sólo diremos que, media hora después, el Juez respaldaba la orden de aprehensión, y el Sr. Cabrera determinaba que «era su voluntad»que «El Hijo del Ahuizote dejara de existir»

La lectura de los anteriores renglones provoca indignación. Si es cierto lo que de ellos se entrevé, se trata sencillamente de un ataque al Art.7° Constitucional4, conforme al que es inviolable la libertad de escribir y de publicar escritos sobre cualquiera materia, y ninguna autoridad esta autorizada para impedir una publicación periodística, para prevenir los delitos que en lo sucesivo puedan cometerse. Si el escritor público no obedece la restricción de la ley fundamental, si ataca la vida privada salvando el respeto de que la misma ley la rodea, si ofende la moral y subvierte el orden público, que responda ante un tribunal de delito que hubiese cometido; pero no se tomen providencias generales que traen consigo el desquiciamiento de nuestras instituciones.

Por otra parte la orden de prisión dictada contra el Sr. Cabrera, fue infundada, porque dicho señor, como se ha visto en los números anteriores del «Hijo del Ahuizote,»seha separado por completo de la Dirección de dicho periódico, la que tiene encomendada al Sr. D. Remigio Mateos. Si pues el Sr. Cabrera no es más que el propietario de este periódico, si ninguna injerencia tiene en él y le son desconocidos lo artículos que publica, tanto porque ésta separación lo aleja de todo asunto relativo a él como por la grave enfermedad que adolece dicho Señor, ningún delito pudo haber cometido el Sr. Cabrera para que en su contra se dictase esa orden. No porque es el propietario del periódico, es coautor de los delitos que puedan cometer los redactores. Esto conducirá a la aberración, de que por el hecho de ser una persona el propietario del cuchillo con que se cometió un homicidio, se le considere coautor de este homicidio.

En los delitos de imprenta, se ha deseado por nuestros Jueces llegar a un rigorismo exagerado, que no puede tener más fundamento que el deseo de concluir con una publicación, salvando el respeto que merece la prensa. Para concluir, nos permitiremos recordar las frases de un distinguido Constituyente al discutirse el proyecto de Constitución, en el congreso de 57, del Sr. Lic. D. Félix Romero5: «Hagamos aquí lo contrario de lo que los papas hicieron en  los primeros tiempos de la imprenta: si ellos la maniataron, la esclavizaron, la escarnecieron, démosle nosotros vuelo a sus alas, ensanche a su imperio, haciendo de ella no sólo un garantía individual, sino una institución pública. No olvidéis que la prosperidad de los primeros países del mundo se debe a la libertad de la imprenta, que la América es poderosa por la libertad de imprenta, y que México está llamado a ser grande por la libertad de la imprenta.»6

1 El Hijo del Ahuizote, "Semanario feroz, aunque de nobles instintos, político y sin subvención como su padre, y como su padre matrero y calaverón (No tiene madre)", México, D.F. (1885-1903). Dirs. Daniel Cabrera, Florencio Castro, José L. Méndez, Néstor González, Juan S. Diez, Remigio Mateos, Juan Sarabia, Ricardo Flores Magón; redactores: Manuel de la Fuente, Jesús Masiño; Miguel Gallardo; José P. Rivera, Fernando Rivera, Enrique M. de los Ríos, Gabriel González Mier, Pedro Castera, Inocencio Arriola, Nicolás San Martín, Antonio Albarrán, Juan y Emilio Arriola, Angel T. Montalvo, Fernando Celada, Leonardo de Pardo, Aurelio Garay, Evaristo Guillén, Enrique Flores Magón, Federico Pérez Fernández; dibjs. Daniel Cabrera, Jesús Martínez Carreón, Santiago Hernández y Jesús Olvera Medina. Dejó de circular del 1º de julio de 1900 al 20 de enero de 1901. Reapareció el 16 de julio de 1902, suspendió su tiraje en septiembre y lo reinició el 23 de noviembre. El 9 de junio de 1903 los tribunales prohibieron definitivamente su circulación.

2 Antonio Mercenario (¿?-1911). Militar, al parecer de origen centroamericano.  Administrador de la aduana de Acapulco. Capataz en las minas de Huitzuco y Taxco, propiedad de Manuel Romero Rubio. Gobernador de Guerrero del 28 de diciembre de 1893 al 16 de enero de 1901. Su gobierno fue impopular, acusado de corrupto y autoritario. A su caída, tras una desaseada elección en 1900 que terminó en el levantamiento de su opositor, Rafael Castillo Calderón, fue senador de la república por el estado de Colima hasta su muerte.

3 Daniel Cabrera Rivera, (1858-1914). Pintor poblano; egresado y profesor de la Academia de San Carlos. Fundó junto con Manuel Pérez Bibbins El Hijo del Ahuizote, en agosto de 1885; semanario político y satírico de corte liberal que dirigió por una década, y cuya postura oposicionista y antiporfiriana le llevó innumerables veces a la cárcel. Más tarde dirigió El Ahuizote Jacobino (1904). Escribió Liberales ilustres mexicanos de la Reforma y la Intervención, Corona fúnebre del Gral. N. Méndez y Los pensadores de España.

4  “Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquiera materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que  el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado que califique el hecho, y por otro que aplique la ley y designe la pena.”

5 Félix Romero (1828-1912). Abogado y periodista liberal oaxaqueño. Director del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Seincorporó a la revolución de Ayutla. Publicó el semanario antisantanista El Azote de los tiranos. Diputado al Congreso Extraordinario Constituyente (1856-1857). Participó en las guerras de los Tres Años e Intervención. Gobernador sustituto de su natal Oaxaca (1871-1872). Durante el porfiriato fue diputado federal, ministro y presidente de la Suprema Corte de Justicia.

6 Discurso de Félix Romero en torno a la libertad de imprenta, en sesión del 28 de julio de 1856 del Congreso Extraordinario Constituyente. Vid. Francisco Zarco, Crónica del Congreso Extraordinario Constituyente, 1856-1857, México, El Colegio de México, 1957, pp. 316 y ss.

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