Regeneración N° 13, 7 noviembre 1900

UN JUEZ HÁBIL

Hace unos cuantos días, decía El Popular: “Conocida es la habilidad del Juez Castellanos León para hacer que los reos confiesen todos los detalles de su crimen.”
En efecto, es bastante conocida esa habilidad en dicho Juez, pero ella no puede ser nunca objeto del aplauso de los hombres sensatos.

No se requiere que el Juez sea hábil, esto es, artificioso, para hacer confesar a los reos. Ese artificio o habilidad conducirían siempre a ofuscar la inteligencia de esos mismos reos, porque, el hombre que se encuentra en presencia de un Juez, sufre un notable desequilibrio en sus facultades mentales, ocasionado, ya porque en efecto sea culpable, bien porque siendo, inocente, abriga un gran temor de ver comprometida, si no su reputación, pues hay individuos que no alcanzan a comprender ese término, sí su libertad, estimable aun entre los más perversos. Y si al hombre turbado por la presencia del Juez se le interroga con habilidad, es decir, artificiosamente, cuando no está en el pleno dominio de su ánimo, fácil será sugestionarlo, y arrancarle una confesión forzosa de hechos que se le imputen, y en los cuales ninguna injerencia haya tenido.

El verdadero Juez nunca debe recurrir al artificio, nunca debe violentar el ánimo conturbado de los reos para obtener, como fruto de esa violencia, una confesión arrancada a la fuerza.

Es necesario que comprendan los Jueces que se respetan, que para ganar triunfos en su carrera, no es necesario procurar que todo el que tenga la desgracia de caer bajo su autoridad resulte culpable, pues su mayor triunfo consistiría en tener entre el público sensato, el concepto de justicieros, y recibir las alabanzas de los desheredados que habían visto salvada su inocencia por un verdadero Juez.