Regeneración N° 2, 15 agosto 1900

COMPROBACIÓN DE UNA ESTADÍSTICA DEL PROCURADOR

Hace varios días vimos en “El Imparcial” que un ciclista había sufrido un fuerte golpe en el cerebro al bajar la pendiente de Dolores y que uno de los cocheros de carros fúnebres, al ver el cuerpo inanimado del ciclista, dio aviso a la policía. Esta no sólo se limitó a recoger al herido, sino que aprehendió al cochero. Ese acto fue una arbitrariedad que a diario se comete en México. Con ellas va a darse el caso de que algún individuo que vea el cuerpo lesionado de alguna persona, se abstenga de comunicar a la policía su descubrimiento por temor de que se le aprehenda. Resultado: si se comunica el hallazgo. Se le aprehende: si deja al herido sin comunicarlo a la policía, se le aprehende también como reo de abandono de enfermo.
            La práctica que denunciamos es constante y tan lo es, que la cárcel de Belem se llena de individuos que son aprehendidos por la más leve sospecha, y a las veces sin sospecha alguna, como en el caso relatado. Ahora nos explicamos el por qué de la desconsoladora estadística del Procurador de Justicia del Distrito relativa al año de 1897. En ese año ingresaron a Belem sobre 14 500 individuos, de ellos fueron condenados 8 000 y los 6 500 restantes fueron puestos en libertad, por desvanecimiento de datos, por absolución, por no acusación, y por falta de méritos. Y todavía en esa memoria decía el Procurador: «Hubo en este año 14 500 delincuentes; pero no se alarmen Uds. Señores. De esos individuos que ingresaron a Belem, 6 500 salieron libres por varios motivos. La criminalidad no es tan grande.»
            No se alarmen Uds. queridos lectores, no hay tantos criminales. Lo único que hubo en 1897 fueron 6 500 prisiones arbitrarias. La verdad de las cosas es que por nuestra parte, preferimos la agresión brutal del rufián, a la agresión solapada de un Juez arbitrario. Al rufián podemos oponer la fuerza bruta a la fuerza bruta. Perecerá el menos apto, pero habrá defensa. A la agresión del Juez arbitrario, ninguna defensa podemos oponer. Si protestamos, la protesta constituye un nuevo delito. Si ocurrimos al juicio de responsabilidad, resulta ésta una bella mentira. Paciencia.

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