Regeneración N° 14, 15 noviembre 1900

EL PERIODISMO OFICIOSO

El Diario Oficial, órgano del gobierno, es el único que puede ser sostenido por la Nación.

Al Diario Oficial corresponde hacer públicos los mandatos de las autoridades, (leyes, decretos, reglamentos) y sus actos (contratos, concesiones, etc.)

También corresponde al Diario Oficial, explicar la naturaleza de los actos oficiales, cuando la opinión pública, exigente en virtud de nacer de los contribuyentes que sostienen las instituciones, acuse a la Administración de malos manejos y de equívoca conducta.

El Diario Oficial, en suma, a la vez que es un defensor del Gobierno, es un servidor de la Nación, y por lo mismo, ésta debe contribuir para su fomento.
Pero lo que no debe existir, es el periódico oficioso, ese parásito que medra a la sombra de los gobiernos complacientes, y que además de vivir en la sangre del pueblo, del contribuyente, sólo sirve para viciar las aspiraciones de los ciudadanos, y torcer sus ideales políticos con las disolventes doctrinas de un absolutismo crudo.

Estos periódicos, dispuestos a enronquecerse para convencer, a fuerza de gritos, de la bondad del Gobierno que los protege, poco importa que los actos de éste sean buenos o sean malos, pues que si son malos, no hay escrúpulo en declararlos buenos, siempre que así convenga al protector; estos periódicos redactados por oportunistas, que ayer defendían a Lerdo o a González, y hoy, hacen mofa de ellos mareando al Gral. Díaz, para reírse mañana de éste y adular al que se imponga, esos periódicos, son nocivos a la Nación y nocivos al gobierno que los mantiene, porque el hombre sensato, nunca tomará por el lado serio las declaraciones de hombres, que han brindado con todos los gobiernos y comido las migajas de todos los credos políticos.

No, el Gobierno no debe defender sus aciertos con plumas, que en el remate político, se ponen al servicio del mejor postor, para ensuciar cualquier hoja con sus volubilidades egoístas.

Entre esta clase de periódicos oficiosos, hay uno que no es liberal ni conservador, y tal vez, ni mexicano. Este periódico tiene un tiro enorme y le cuesta a la Nación un río de oro. Sus columnas, saturadas de suficientista egoísmo, dan abrigo a las ideas más monárquicas y defienden a todo lo que ofrenda a las instituciones democráticas. Ese periódico de tiro monstruoso, trata con desenfado al pueblo, y a veces, se burla de él en virtud de no tener lo que se le ha arrebatado, la libertad política, como si fuera motivo de burla el despojo de que se queja la víctima. Trata de mal educado al pueblo, motejando su pereza  y la suciedad en que se revuelca, y no tiene un reproche que lanzar en contra del causante de su educación nula y motivador de que se revuelque en el fango. Ese periódico, todo aplauso y todo incienso, es uno de los más nocivos, porque pervierte el espíritu popular, porque su labor enerva las energías, porque día a día lleva al ánimo de sus lectores una convicción morbosa y hace arraigar, más y más el desaliento de los ciudadanos para todo lo que signifique actividad pública, matando todo germen de protesta y haciendo consentir, porque ya no se tiene fuerzas para discutir los actos oficiales, por malos que ellos puedan ser.

Hay otro periódico oficioso, que vive la vida de los murciélagos, en la oscuridad. Nadie lo lee, tal vez sea esta circunstancia una ventaja. Tampoco tiene ideas políticas definidas y constantes. El número de hoy puede ser conservador, el de mañana liberal, unas veces es socialista, las más aristócrata, pero siempre anodino. No tiene un tiro inmenso como el anterior ni cuenta con suscriptores, porque nadie tiene el mal gusto de pagar por pasarse un mal rato.

En último término viene otro periódico oficioso, no sostenido por el gobierno general, sino por un Ministerio, que no obteniendo ni un aplauso del público, en virtud de su desacertada labor, paga a unos cuantos para que los defiendan. Este periódico ha reclutado individuos de distintas procedencias. Tampoco él tiene ideas políticas fijas. Mas bien dicho, no tiene ninguna. Cuando su enemigo es conservador, se vuelve liberal; cuando su enemigo el liberal, para atacarlo se vuelve conservador. No teniendo seso sus redactores, que como hemos dicho, han sido reclutados de aquí y de allá, vomitan injurias hasta acalambrarse, deshonrando con su presencia a la prensa nacional. Este periódico que parece salido de un colector, vicia la atmósfera del periodismo con sólo abrir la boca, y su peste no sirve más que para deleitar a los truhanes.

Ese periódico es una amenaza para los hombres que osan atacar con honradez las torpezas de su ídolo. Sin patriotismo, sin convicciones, sus redactores mojan su pluma en todos los lodos, y arremeten, sudando odio y fango, contra sus enemigos. Ese periódico es una amenaza también para el buen crédito de su protector, quien debe retirarle su gracia si quiere conservar un buen nombre.

Vemos, por lo asentado, que los tres periódicos oficiosos que han dado margen a este artículo, y que se publican en esta Capital, no tiene una labor benéfica que disculpe, por esta razón, el despilfarro que para mantenerlos se hace, porque nadie puede negarnos, que es un despilfarro sostener a costa de la Nación publicaciones que nada la levantan y si la desacreditan.

El gobierno debe suprimir las subvenciones a esos papeles.