Regeneración N° 14, 15 noviembre 1900

EL CONCURSO CIENTÍFICO NACIONAL1

El día 5 del actual se inauguraron solemnemente las sesiones del Concurso Científico, diferidas hasta estos últimos meses para conmemorar dignamente las últimas palpitaciones de este siglo moribundo y para hacer una entrada triunfal por la puerta luminosa del nuevo siglo, próxima a abrirse.

Nuestros lectores conocen ya, por los diarios de México, todos los detalles de esa solemnidad majestuosa, con tanta elocuencia perfilada en el discurso del inteligente abogado D. Francisco L. de la Barra2, en representación de la Academia Central de Jurisprudencia y Legislación, y conocen ya el sesudo y bien meditado trabajo científico del ventajosamente conocido Abogado D. Emilio Pardo3, de talento poderoso.

Pero vamos a hacer una rectificación. El erudito orador Sr. Lic. de la Barra, se refirió en su discurso a la protección liberal que nuestro Gobierno otorga a las ciencias, y que, merced a ese poderoso estímulo, las asociaciones científicas de la República, podrían venir ahora a pasar revista, por decirlo así, apreciando que esa exposición sería, según la frase de uno de los Secretarios de estado, el testamento de luz legado al siglo XX.

Brillante toque oratorio; pero sentimos expresar que no es rigurosamente exacto. El Gobierno, no es, ni con mucho, protector decidido de estos Concursos, y menos aún el factor indispensable de ellos, como parece creerlo el orador. Somos amantes de la Justicia y por eso nos duele, y mucho, que se atribuya a alguien la gloria que pertenece a otro. Recordemos los hechos.

En la sesión ordinaria que celebró la Academia Central Mexicana de Jurisprudencia y Legislación, el 18 de Enero de 1895, el Presidente de ella, Lic. D. Luis Méndez, indicó la conveniencia de reunir a todas las sociedades científicas de la República, en un concurso en que hiciesen uso de la palabra miembros designados por cada una de ellas, ya que todas las ciencias y conocimientos humanos se enlazan y prestan mutua ayuda. Por aclamación aprobó la Academia la proposición del Sr. Lic. Méndez y se nombró una comisión que redactase un proyecto de bases para dar forma práctica a tan importante iniciativa. La Comisión trabajó con ardor y talento, y en corto tiempo desempeñó su cometido, presentando un proyecto de bases que fueron aprobadas por la Academia. La bases se comunicaron con atenta invitación a las Sociedades Científicas de la República, las que recogieron la idea con entusiasmo, nombraron delegados, y se formó en definitiva el programa del primer Concurso Científico, efectuándose solemnemente la sesión de apertura, el día 7 de Julio de 1895.

La iniciativa y la organización del Concurso, fueron pues, un producto del esfuerzo particular; y sin embargo, no se hizo constar así en la sesión inaugural y no se tuvo una frase de elogio para el Sr. Lic. Méndez, cuya prestigiosa personalidad venció los escollos de que están rodeadas en México esta clase de iniciativas. Es necesario precisar hechos. El Gobierno, representado por el Primer Magistrado de la Nación, solamente ha concurrido a las sesiones del Concurso, por invitación que se le ha hecho; pero su presencia no significa, ni puede significar, la absorción de la gloria que rodea al prestigioso iniciador de esos Concursos.

1 Concurso Científico Nacional.  El primer concurso se efectuó en 1895, convocado por la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación, presidida entonces por Luis Méndez. El tema de este concurso fue la relación de las ciencias con la jurisprudencia. Se inauguró el 7 de julio de 1895, en presencia de Porfirio Díaz. A la convocatoria acudieron: la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, Academia de Medicina, Academia Mexicana de la Lengua, Sociedad Mexicana de Farmacia, Asociación de Ingenieros y Arquitectos, Sociedad Médica Pedro Escobedo, Sociedad de Historia Natural, Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

2 Francisco León de la Barra (1863-1939). Abogado queretano. Ministro de México en varios países de America y de Europa (1902), representante en la Conferencia de Paz de La Haya (1905), embajador en Washington (1909) y dos veces secretario de Relaciones Exteriores: en el gobierno de Porfirio Díaz (1911) y en el de Victoriano Huerta (1913-1914). A la renuncia de Díaz asumió la presidencia de la república de manera provisional (25 de mayo a 6 de noviembre de 1911).

3 Emilio Pardo. (1850-1911). Abogado. Profesor de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde fundó la cátedra de casos selectos y diplomacia. En 1910, la Universidad le otorgó el grado de doctor ex-officio. Se desempeñó como Ministro de México en Bélgica durante varios años. Cercano al grupo de los “científicos.”