Regeneración N° 14, 15 noviembre 1900

A LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

En nuestro número anterior publicamos una nota1, con el título de “Atropello a la Justicia de la Unión,” en la que dimos a conocer a nuestros lectores que el Sr. Juez del Distrito de Puebla había mandado suspender el fusilamiento del reo militar Agustín González y que, a pesar del auto de suspensión, la sentencia de muerte se había ejecutado.

Dimos a conocer también algunos detalles alarmantes contenidos en algunos colegas poblanos e indicábamos que la pena inflexible debe aplicarse al culpable o culpables, y que la autoridad debe mostrarse inexorable y tenaz, hasta que caiga el delincuente y se vindique la justicia.

Quizá el Sr. Juez de Distrito ha pronunciado ya el auto de sobreseimiento que debe revisar la Suprema Corte, conforme al art. 481 del Código de Procedimientos Federales.

La Corte va a conocer, pues, oficialmente esa burla a nuestra liberal institución del amparo. A desfilado ante ese elevado Tribunal, un cortejo no interrumpido de tropelías, vejaciones, arbitrariedades e infamias y entre ellas se agiganta por lo monstruoso, el fusilamiento ilegal de un hombre. La protección constitucional cayó, allí, en Puebla, en la pavorosa obscuridad de un Cuartel, acribillada a balazos, befada, escarnecida y maltrecha. Sobre ese cuadro pavoroso, se levante imponente y altiva, con la altivez de la justicia, una sociedad indignada que exige el castigo de los delincuentes.

Muy respetuosamente llamamos la atención de la Suprema Corte sobre los hechos relatados, no dudando que ordenará un procedimiento enérgico contra el responsable o responsables de ese atentado.

1 Véase supra, art. núm. 115.