Regeneración N° 15, 23 noviembre 1900

UN CURA COMO OTROS MUCHOS

Los clérigos no abundan en las cualidades que predican a sus feligreses. La oratoria tempestuosa y epiléptica del púlpito, no reza con ellos, y su falta de virtudes evangélicas, son un contraste con sus declaraciones rabiosas predicando la virtud.

Un ejemplo de mansedumbre. El párroco de Santiago Tlaxcala, Distrito de Tlalnepantla, Méx., se encarga de proporcionárnoslo. Se le impidió adjudicarse una faja de terreno, propiedad de los Sres. González. Esa oposición, justa y legítima, indignó al cura, y movido por la candente labor de su vesícula biliar, se desahogó en improperios contra dichos señores y otros honrados vecinos de aquella población. En su intrepidez y arrogancia, arrasó también con la reputación del Primer Regidor del Ayuntamiento, designándolo públicamente con el epíteto de ladrón.

La altanería del fraile hubiera sido vigorosamente castigada por el Juez que conoció de la acusación promovida en su contra, si no interviene la caballerosa actitud del Sr. D. Eduardo del Valle, Jefe Político de aquel Distrito, que concilió los ánimos, obligando al párroco a retirar las ofensas vertidas y allanando las dificultades motivadas por el terreno en disputa.

Son muy poco a propósito para inspirar piedad ferviente en sus feligreses, los procedimientos del colérico y arrogante párroco de Santiago Tlaxcala.