Regeneración N° 15, 23 noviembre 1900

LOS JUECES MUNICIPALES

Nuestro ilustrado colega “La Evolución” de Durango, hace en un artículo bien meditado, muy discretas y justas observaciones acerca de los Jueces Municipales no retribuidos por el Gobierno. Esas observaciones son exactamente aplicables a nuestros Jueces de Paz.

Tiene razón el colega al afirmar que la mala organización de esos empleos, la carencia de criterio, ya no jurídico, social cuando menos, en sus servidores y el desapego para ejercer sus funciones judiciales, influirán muy directamente en la pésima marcha de la administración de justicia.

Mientras no se remunere, cuando menos decentemente, ya que no con holgura, a esos empleados, la modesta categoría del cargo y la ninguna ventaja que proporciona su desempeño, alejará de él a todos los que posean un criterio medianamente instruido y que pudieran ser aptos para administrar justicia. Tendrá que continuar como candidato una personalidad humilde, si no moralmente, sí en lo que se refiere a sus aptitudes intelectuales, personalidad que no comprende ni aprecia las atribuciones que le son propias y que descuida el cumplimiento de sus obligaciones para satisfacer sus imperiosas necesidades.

La distribución equitativa de la justicia, es una función que sólo pueden comprenderla los cerebros ilustrados. Los cerebros rudimentarios, casi inorgánicos, de los rudos Jueces Municipales, no pueden ni podrán tener el ejercicio intelectual suficiente para resolver cuestiones jurídicas, aunque sea empíricamente. El fallo conforme a la conciencia humana, es una hueca fórmula primitiva, fosilificada en nuestra institución judicial. Esa fórmula arcaica, es el más repugnante semillero de arbitrariedades y vejaciones. Ella debe traducirse ahora por un cerebro que, aunque medianamente ilustrado, se entregue con frecuencia a sanos ejercicios de lógica y se fortifique con un buen acopio de experiencia y observación. La experiencia y la observación están divorciadas de los cerebros rudos y de las difíciles y lentas concepciones rudimentarias.

Creemos, con nuestro colega, que el único remedio posible es el de la retribución de esos servicios. Esa retribución, traerá como inevitable consecuencia, la selección en el personal, y ese personal seleccionado evitará los ultrajes que ahora sufre la justicia.