Regeneración N° 16, 30 de noviembre 1900

OTRO JUEZ ARBITRARIO

También el Estado de Tamaulipas tiene su florescencia nociva de Jueces arbitrarios. Como ejemplo puede citarse el de 1ª Instancia de C. Laredo.

Hace 7 meses, el 26 de Abril de este año, fue reducido a prisión el Sr. Federico M. Chicoya, por acusación que promovió en su contra el Lic. Joaquín Cantú Cárdenas, quien se creyó difamado en un entrefilet que aquel señor escribió en un diario de esta Capital.

Dos puntos graves hay en este proceso, que deslindan perfectamente el carácter de arbitrario que tiene el procedimiento.

En primer lugar, el Juez instructor es incompetente para conocer de este proceso. El párrafo considerado como difamatorio, se publicó en esta Capital. Aquí, pues, se cometió el delito y el Juez de C. Laredo no puede prorrogarse una jurisdicción que no le corresponde.

Decimos que en esta Capital se cometió el delito, porque los de imprenta no tienen el carácter de continuos, sino el de instantáneos. La acción del agente concluyó en el momento en que profirió la frase difamatoria, y si la hoja periodística llevó hasta C. Laredo la nota delictuosa, la publicidad es una agravante, y no una constitutiva del delito.

En segundo lugar, el Juez de C. Laredo ha dilatado exageradamente la resolución de este asunto. No se trata en este caso de un delito en que el Juez camine a tientas para descubrir la verdad. Si se cometió un delito, allí está la hoja periodística que lo revela desde luego, sin necesidad de ulteriores diligencias, que ningunas ha habido.

El Juez, en complicidad con la chicana, ha dilatado, pues, inútilmente ese proceso, para satisfacer, quizá, la venganza de un tercero.

Muy sensible es que lo Jueces, como el de C. Laredo, burlen, con perjuicio de la libertad individual, derechos consagrados por las leyes, alardeando de impunidad y de una conciencia encallecida por los espectáculos judiciales.