Regeneración N° 16, 30 de noviembre 1900

LA CENSURA EN LAS MONARQUIAS 

Dice un cablegrama reciente:

«Otro  hecho más digno de notarse, es que el «Reichstag» por primera vez, desde la formación del Imperio se ha entregado a la libre e ilimitada censura de las palabras y actos del Emperador, tomando parte todos los jefes del partido, sin que una sola vez le haya puesto coto el presidente de la Cámara.

«Otra novedad política notable ha sido que de los conservadores han partido las censuras más severas contra los descomedidos discursos militares de su majestad. El «Reichsbotts,» periódico conservador extremadamente leal, comentando una vez las alocuciones a las tropas y apostrofando personalmente al soberano, le advierte que en lo sucesivo mida más sus palabras, y le dice que no debe olvidar que «todas sus frases circulan por el mundo y son tema de la crítica universal.»

Esto acontece en Alemania, que es un imperio. Hay allí libertades que nosotros no conocemos. Allí hay libre e ilimitada censura de las palabras y actos del Emperador.

Si cuando dijo el Gral. Díaz lo siguiente:

«Los pueblos pobres no pueden, en general, ni instruirse ni moralizarse: cuando no yacen inciertos bajo el yugo del despotismo, viven en las estériles agitaciones de la anarquía, atentos a las dificultades del presente, descuidan prever las eventualidades del porvenir; les están casi por completo vedadas la autonomía y la libertad, y con mayor razón la democracia y la República.»

Si cuando dijo la anterior repetimos, alguien hubiera aventurado que tales conceptos eran monárquicos y que no sentaban bien en un hombre que está al frente de instituciones republicanas y gobernando a un pueblo pobre, hubieran pagado su audacia en la cárcel.