Regeneración N° 16, 30 noviembre 1900

El Reproductor campechano

Indicamos en nuestro número anterior que este valiente colega había sido denunciado por ultrajes a funcionarios públicos. Veamos en qué se ha hecho consistir el delito.

Nuestro colega publicó un sesudo artículo sobre la inorganizada policía campechana, haciendo rigurosas observaciones sobre su falta de disciplina, la impunidad de las infracciones que comete, sus atropellos injustificados y su reclutamiento sin cálculo y sin talento. Además, en un párrafo de información dio cuenta de un grave atentado cometido por la policía, disolviendo por la fuerza a un grupo de señoritas y jóvenes que se distraían inocentemente.

Las apreciaciones viriles del colega, motivaron la acusación que presentó el Ministerio Público, y en virtud de ella, fueron encarcelados el Director del colega, Don Salvador Martínez Alomía y el colaborador Don Manuel Gutiérrez Zamora.

Las apreciaciones hechas por El Reproductor Campechano, no constituyen un delito. Se refirió a los actos oficiales de esa policía desorganizada de Campeche, reclutada en los cuarteles y en los presidios. discutió enérgicamente la falta de aptitudes en el personal, su carácter inadecuado y brusco, su poco tacto al ejercer sus funciones, apreciaciones todas dirigidas al empleado público, no a la persona privada. Estuvo, pues, el colega dentro de los términos constitucionales, es decir, no salvó esas tres taxativas (la vida privada, la moral y la paz pública) de las que la gazmoñería y la chicana han hecho tres trampas.

Pero las autoridades campechanas, como casi todas nuestras autoridades, apreciaron que se cometió un delito, el de ultraje a funcionarios públicos, al descubrir las pústulas que cubrían los raídos uniformes de esos gendarmes, y se cometió un atropello más, contra la libertad de imprenta.

Esperamos el fallo de los tribunales campechanos para ver de tributarles aplausos o de dirigirles nuestra censura.