Regeneración N° 16, 30 noviembre 1900

Jalisco Libre perseguido

No hace mucho tiempo apareció en Guadalajara, lleno de bríos y rebosando honradez, el valiente colega Jalisco Libre y ya comienza a ser víctima del nefasto Gobierno de ese Estado. Uno de sus Redactores, D. Atanasio Orozco, fue reducido a prisión, con motivo de la denuncia que hizo el Ministerio Público, de un artículo publicado en el inteligente colega.

El párrafo denunciado por el Ministerio Público inconmovible para la persecución de los delitos comunes; pero sagaz y activo en la persecución de los delitos de imprenta, dice así:

“El pueblo de Jalisco sufre por los disímbolos elementos en que se desarrolla y vive; por la abyección vergonzosa en que se pretende sumergirlo. Pero no será siempre así; confiamos en el porvenir; que se despeje el horizonte y brillará sobre nosotros la augusta Majestad de la ley.

“¡Pueblo, el grande, el Soberano eres tú! Levántate, ejercita tus derechos…

“No dejes que te engañen tus enemigos.”

El Agente del Ministerio Público opinó que el párrafo transcripto provocaba un delito y hacía la apología del mismo delito, y fundó su acusación en el capítulo 8º del Título 6º del Código Penal.

Lastima, y mucho, conocer tales procedimientos, emanados de una tenebrosa chicana política. Decirle al pueblo que es el grande, el soberano y que se levante y ejercite sus derechos, no será un delito sino en el cerebro tortuoso de los funcionarios jaliscienses… y en el cerebro de otros muchos funcionarios.

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, y por residir en él, es poderoso y grande. La Constitución autorizó al redactor de Jalisco Libre, para llamar al pueblo soberano y grande, y cuando la Ley Fundamental autoriza el Ministerio Público de Guadalajara debe someterse o dimitir. Si su miopía intelectual o su ilustración deficiente lo conduce a violar la Constitución, debería ser destituido, si no contara, como creemos que cuenta, con la incondicional protección de ese Gobierno funesto y arbitrario.

Ese mismo pueblo, tiene la facultad de ejercitar derechos, y al indicarle que los ejercite, no se provoca un delito ni se hace apología de él, porque ese ejercicio de derechos no es delito. En los sistemas de Gobierno, como el de Jalisco, en que existen gérmenes latentes de monarquías absolutas, el ejercicio de derecho constituye el delito de rebelión y la protesta se ahoga bajo la férula oprimente de una acusación del Ministerio Público. Esta institución sabia, organizada para proteger derechos, es el instrumento más apropiado para ahogarlos. Cambia entonces su ropaje protector, por la túnica pavorosa del verdugo. La ley que la sociedad en un momento de estulta confianza, pone en sus manos, se transforma, al calor de resabios monárquicos, en el látigo que recuerda el vasallaje.

El viril pueblo jalisciense está, y con justicia, profundamente afectado. Cayó la careta y se erigió en delito el ejercicio de sus derechos y se le negó su soberanía. El proceso de Jalisco Libre, es la autocracia que se desenmascara.