Regeneración N° 16, 30 noviembre 1900

UN JUEZ DELATOR, DISCÍPULO DE JUDAS

Este título de novela por entregas, sirve de epígrafe a un anónimo que acabamos de recibir.

Nos hemos hecho el firme propósito de no publicar anónimos, tanto porque no nos merecen fe las notas que en ellos se consignan, como porque odiamos todo lo que en la obscuridad, como las arañas, ejecuta un trabajo sordo y cobarde.

Además, nos choca que se considere a los periódicos como instrumentos de desahogos personales. Si nosotros atacamos a los empleados públicos, lo hacemos no atacando a los hombres, sino a los funcionarios.

Si el autor del anónimo tiene resentimientos personales con el señor Juez a que alude, puede vengarse del modo que tenga por conveniente y no encanallando el periódico con anónimos vergonzosos.

Por otra parte, no es el anónimo el medio de combatir. El combate debe ser honrado y sobre todo valiente. No se corrige con aspavientos de mujer, sino atacando resuelta y virilmente.

Si queremos ser dignos, tenemos que comenzar por tener valor civil; si carecemos de él, conformémonos con ser esclavos para vivir lamiendo las plantas de los tiranos.

Cuando haya valor civil se salvarán las instituciones.