Regeneración N° 17, 7 diciembre 1900

El asunto Vázquez-Montes de Oca

Este negocio, del que nos hemos ocupado extensamente en números anteriores1, se encuentra ahora en el Juzgado de Distrito de San Luis Potosí, por haber recurrido en amparo el Sr. Vázquez, ante la sentencia que tanto y tan torpemente protege al Obispo Montes de Oca.

El inteligente y activo Sr. Lic. D. Mauricio Dávalos, apoderado del Sr. Vázquez, ha rendido importantes probanzas ante el Sr. Juez de Distrito, entre ellas, algunas certificaciones del Sr. Juez Rivas sobre que muchas notificaciones no estaban autorizadas por el Comisario o Escribano, y existía un auto no subscripto por los testigos de asistencia.

El Sr. Juez Rivas certificó, también que en autos no existía constancia alguna en que apareciese la confesión del Sr. Vázquez, de haber recibido los tres mil pesos que aseguró el Obispo se le habían entregado, seguridad patrocinada por el Juez Grageda en su sentencia, en la que asentó que estaba probado ese hecho, sin estarlo.

También ha presentado el Sr. Lic. Dávalos, un documento calzado por personas honorables, del que aparece que en el Juzgado de lo Civil, se negaron frecuentemente, el Juez y sus empleados, a mostrarle el expediente del juicio referido, procedimiento que favorecía la Obispo Montes de Oca, quien tiene, en los tribunales de San Luis Potosí, gran ascendiente.

Un nuevo detalle confirmará la reverencia hacia el Obispo, en dichos tribunales. Habiéndose suspendido por el Juez Federal el acto reclamado y comunicada esa suspensión a la autoridad responsable, ante ésta se presentó el Sr. Lic. Dávalos solicitando la restitución de las casas materia de litigio. El Juez nada ha resuelto aún, a pesar de haberse hecho la promoción hace más de veinte días.

No procedió con esa lentitud cuando el Obispo pidió la posesión de las casas, sino que a la mayor brevedad, en tres días, y a pesar de un recurso legal pendiente, procedió a dar esa procesión.

Decididamente en San Luis Potosí domina, autócratamente, ese Obispo ostentoso que escandalizó en Lourdes con aquella pedrería antitética a la pobreza y humildad que predica.

1 Véanse supra,arts. núms. 52, 91 y 109.

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