Regeneración N° 17, 7 diciembre 1900

Plausible valor civil

D. Manuel Rodríguez Jiménez, defensor del Sr. José María Facha, procesado en San Luis Potosí por la susceptibilidad de unos individuos, proceso del que nos ocupamos en otro lugar, escribió una carta al Gobernador del Estado pidiéndole interviniera en ese asunto como mediador. El Sr. Facha ha rechazado esa mediación, en una carta abierta que sentimos no reproducir íntegra por falta de espacio.

Dice así:

“Aunque la carta del Sr. Rodríguez fue escrita y dirigida bajo su absoluta responsabilidad, tengo el deber y el derecho de escribir a usted esta para suplicarle no medie en el asunto, pues aunque agradezco la buena voluntad de usted, no quiero que mi reputación sufra en lo más mínimo, sino, muy al contrario, que de este asunto salga limpia, sin una mancha de lodo. Por lo que, si Ramírez Adame me perdonara, yo no podría aceptar esa transacción humillante casi rayana en bajeza.

“Y no acepto el perdón porque nunca lo he mendigado y aun dado el caso que tal hiciera lo pediría por una falta involuntaria; pero jamás por una broma, como lo es la calavera de Ramírez Adame, broma que ha hecho erizarse los cabellos del Sr. Lic. Carrizales y que ha dilatado de terror las pupilas del Lic. Niño, representante del Ministerio Público.

“Me quejo, sí, de mi causa; pero no con el lastimero quejido del cobarde, ni con el grito histérico de la señorita asustadiza, sino con la voz digna y levantada del ciudadano que ve hollados sus derechos sagrados, sus derechos de hombre, por los zapatos polvosos de unos cuantos palaciegos.

“Si de mi arbitraria prisión se quiere hacer una arma de partido, si se pretende amedrentar el renacimiento glorioso de los principios liberales, renacimiento ideado y llevado a feliz término por el ‘Club Ponciano Arriaga’, del cual soy indigno miembro, están en un error los retrógrados: no nos asustamos con las cobardías y vilezas de los mochos que en lontanas épocas incensaron a los invasores norteamericanos en Puebla y que ofrecieron una corona imposible al megalómano Archiduque.

“Si esto es lo que pasa responderemos a sus inmundicias, a los solapados ataques de su hipocresía jesuítica, como hasta hoy hemos respondido con la ronca gritería de los fusiles de Padilla y con las clarinadas coléricas del Cerro de las Campanas.”

Aplaudimos la actitud del Sr. Facha. En situaciones como esa, admitir la mediación del poderoso, es cobardía. Si el Sr. Facha ha luchado y lucha en San Luis Potosí con la clerecía que pretende hundirlo solapada y villanamente, porque en él tiene un poderoso antagonista y un luchador incansable, la sociedad honrada de San Luis Potosí ve con disgusto ese procedimiento tenebroso, que ha encontrado apoyo decidido en las autoridades judiciales. El maridaje de la judicatura potosina y la clerecía es formidable; pero más formidable la opinión pública, que sabrá vapulear a ese sindicato de sombras.