Regeneración N° 17, 7 diciembre 1900

LO QUE SOMOS

Entre tanto, que se definan las instituciones: de un lado los amigos del orden, de la paz y del progreso, del otro los enemigos y fuera los acomodaticios, porque éstos no sirven ni a Dios ni al Diablo, ni al Gobierno ni al pueblo …. son los zánganos de la prensa
EL ESPAÑOL

Tres periódicos de esta capital, fueron los únicos que se negaron a aceptar la invitación del Círculo de Amigos del presidente, para desfilar en la llamada procesión de la Paz, el día 1.º del corriente mes: El Tiempo1, Diario del Hogar y REGENERACIÓN.

  Nosotros en nuestro número 15,2 hicimos conocer los motivos que nos impulsaron a tomar una resolución, franca y leal, respecto de dicha fiesta. Dijimos que nuestras convicciones eran completamente contrarias a los festejos de Diciembre, en virtud de protestar nosotros el credo democrático y tener dichos festejos el carácter y sabor de festivales monárquicos.

También manifestamos que siendo nosotros partidarios de la alternalidad del poder, no creímos consecuente, no honrado, ahogar nuestras convicciones liberales, para aceptar las ofertas del Círculo de Amigos, a quienes mueven más la ambición y el egoísmo, que la admiración sincera y leal.

Ahora bien, nuestro estimado colega El Español, censura con dureza la conducta de algunos periódicos, que no obstante haber aceptado la invitación del Círculo de Amigos, para pasear su adhesión y hacer pública su admiración y simpatías al Presidente, en la procesión, dejaron de hacerlo, ya por que se arrepintieran a última hora de haber aceptado la invitación para la fiesta, que tal vez consideraron contraria a sus principios, o bien porque  juzgando serena y cuerdamente, hayan creído poco apropiada la tal Procesión, para honrar la personalidad a que inciensan y agasajan.

Pero nuestro colega, al atacar a los periódicos amigos del Presidente, nos ataca sin justicia a nosotros, al decir, que de un lado están (los periódicos que aceptaron la invitación y concurrieron al desfile) los amigos del orden, de la paz y del progreso, del otro, (los que no aceptamos ni concurrimos) los enemigos.

Con pena nos vemos precisados a  desvanecer este cargo tremendo, que nos hace nuestro estimado colega: nosotros no somos enemigos del orden, somos amigos del orden, partidarios de la paz y luchamos por el progreso.

Si algo nos indujo a formar nuestra publicación, fue precisamente el desbarajuste, y por consiguiente, el desorden, que se nota en la administración. Lo dijimos en nuestro artículo programa: «Este periódico es el producto de una convicción dolorosa. Cuando la justicia se corrompe; cuando alguna vez las causas se deciden más por consideraciones extrañas a la ley que por la ley misma, etc.»3 

Este programa creemos haberlo seguido sin desviaciones ni cobardías bochornosas. Donde quiera que hemos observado una transgresión a la ley; donde quiera que la arbitrariedad y el abuso han dejado su huella bestial, y donde quiera, que la tiranía con sus prácticas rudas y despóticas, ha hecho víctimas al ultrajar el derecho de los ciudadanos, en el acto hemos levantado la voz, para hacer oír nuestras protestas enérgicas y francas, cual corresponde hacer a hombres libres, que odian las manifestaciones autocráticas y simpatizan con todos los actos encaminados a sostener y guardar las instituciones liberales, que dan honor y lustre a nuestra Patria.

No somos, pues, enemigos del orden; somos enemigos del desorden. El orden consiste en la armonía entre los ciudadanos y los mandatarios; de este acuerdo y de esta armonía somos amigos. Pero cuando el mandatario (la autoridad) desobedeciendo las ordenes terminantes que tiene de su mandante (el pueblo) hace burla del mandato y quiere imponerse como amo, a despecho de los asociados que reclaman la integridad de sus vejados derechos; cuando la autoridad, abusando de la fuerza que le delegó el pueblo, pisotea los derechos y hace pedazos las garantías individuales; destruyendo, lo que debe guardar; disolviendo, lo que debe procurar que esté unido; haciendo colmar de amargura el vaso bien lleno de decepciones, entonces se produce el desorden, al evaporarse las simpatías que debe haber entre las autoridades y los asociados, y entonces, también, protestamos contra ese desorden, contra esa situación anárquica producida por una autoridad descomedida y arbitraria. Somos, pues, amigos del orden y por lo mismo de la paz.

Nuestra labor, ruda y peligrosa como toda labor encaminada a desenmascarar el abuso, a exhibir la podredumbre de la arbitrariedad y a hacer que se disipe la pestilencia de ciertas autoridades corrompidas y de los gobernantes que no tengan pudor; nuestra labor, encaminada a disipar las sombras que procede el absolutismo, para que despejada la atmósfera política, puedan las conciencias tener la vista hacia los ideales santos y puros de la democracia; nuestra labor, que procura despertar el espíritu público, para que sea un hecho, y deje de ser una utopía, el mejoramiento moral de nuestros ciudadanos, para lo que signifique actividad pública, que no es otra cosa que el ejercicio de nuestros derechos y el goce de nuestras prerrogativas, es una labor que tiende al progreso, y por lo tanto, también somos amigos del progreso.

Ve nuestro estimado colega, que no ha estado en lo justo al declarar, que somos enemigos del orden, de la paz y del progreso; somos sus amigos. De los que somos enemigos, es del servilismo, de la adulación y de la complacencia interesada y egoísta.

Somos partidarios de la democracia, que es el partido del orden, de la paz y del progreso.

1  El Tiempo, México, D. F., (1883-1912). Dir. Fund. Victoriano Agüeros.

2 Véase supra,art. núm. 148.

3  Véase supra, art. núm. 1.