Regeneración N° 18, 15 diciembre 1900

BANCARROTA DEL LAICISMO

La torpe política de conciliación abre brecha de día en día, y con una plumada, borra los laicos preceptos de nuestros Códigos.

El art. 164 del Código de Procedimientos Penales ordena, que todas las personas están obligadas a presentarse en el Juzgado, cualesquiera que sean su categoría o las funciones que ejerzan, cuando haya necesidad de oír sus declaraciones. Solamente exceptúa de la regla al Presidente de la República, a los miembros de las Cámaras, a los Magistrados de la Suprema Corte y del Tribunal Superior y a los Secretarios de Estado. Fuera de estas excepciones no hay ninguna otra, ni respecto de las Señoras.

Ahora bien, el Juez 5º de los Criminal, por complacencia y sin tacto alguno, ha ordenado que el personal del Juzgado, pase a la casa del Arzobispo D. Próspero Alarcón1, con el fin de tomarle su declaración acerca de las cartas, que el procesado D’Avizzia, ha hecho aparecer como entregadas a él por el Arzobispo, para darlas a los Sres. Rueda, Lavie y otras personas, que las conservan en su poder.

Ese acto del Juez de lo Criminal, merece las más acres censuras, en virtud de pasar por alto los sanos preceptos legales, para rendir tributo a consideraciones extrañas a la ley. La ley no reconoce las dignidades eclesiásticas, y cuando la ley no las reconoce, el Juez de lo Criminal debió ordenar se librara al Arzobispo el correspondiente citatorio.

La acción del Juez demuestra que en México se violan las leyes según el capricho, que nada valen nuestras instituciones liberales, cuando se trata de halagar a personalidades, que como el Arzobispo son potencias de hecho en nuestra claudicante democracia, y que en suma, a los principios liberales, sagrados como son, se les atropella y pisotea sacrílegamente, para hacer presenciar a la República la bancarrota de sus ideales.

1 Arzobispo Próspero Alarcón. (1825-1908). Arzobispo de México desde 1892, entusiasta colaborador de la política conciliatoria porfiriana. En 1895, por delegación pontificia, coronó a la virgen de Guadalupe.