Regeneración N° 19, 23 diciembre 1900

La Toga Roja1

Leíamos hace pocos días en nuestro colega El Universal, las siguientes líneas que sirven de conclusión a un reportazgo en que se da cuenta con la aprehensión de Pomposo Espinosa, que mató a María Ramírez en la calzada de Guadalupe:

“Al principio negó Espinosa haber cometido el homicidio de María Ramírez; pero confundido con las objeciones hechas a su declaración por las autoridades, confesó al fin su crimen, y fue enviado con las seguridades correspondientes a la prisión de Santiago.”

Ya hemos dicho, y repetiremos siempre, que es un reprochable procedimiento el de introducir la confusión en el ánimo de los reos. El juez debe conservar una severa imparcialidad. Debe despojar su criterio de cualquiera obsesión ajena a sus funciones. Debe acudir a la augusta majestad de su misión social, cuando sienta las extrañas insinuaciones de sus instintos humanos.

Así queremos a nuestros jueces, y no elaborando confusiones que, en algunos casos, han llevado al patíbulo a inocentes.

 

1  Vid., supra, núm.  26.