Regeneración N° 20, 31 diciembre 1900

LOS ESCÁNDALOS DE HERMOSILLO

El Gobernador Izábal, de Sonora, que se siente magnánimo después de saborear una suculenta comida entre amigos, mandando excarcelar a los presos políticos, siente ímpetus, indomables a las veces, contra sus enemigos.

En Hermosillo trabaja con entereza y vigor un grupo de ciudadanos amantes de su patria y de su Estado. Ese grupo, se ha atraído las simpatías de los hermosillenses y los aplausos de toda la República, en virtud de su labor enérgica y viril, para procurarse un Ayuntamiento popular.

El «Club García Morales» se formó de elementos populares, ajenos en todo y por todo a la nefasta política sonorense. Este Club pretendía nombrar a los miembros del Ayuntamiento, pero las persecuciones y las intrigas oficiales, hicieron, que el fiasco más completo, coronara a labor tan noble.

No contento el Gobernador con hacer perder a la candidatura del pueblo, y viendo que los miembros del Club y sus simpatizadores eran enemigos de su pésima labor administrativa, ha procurado por cuantos medios (reprochables todos) ha encontrado a la mano, modificar a los que simpatizan con las ideas que a él le son contrarias.

Como una prueba de los que apuntamos, hay que tenerse la encarcelación  de los señores Dionisio González, Arturo Serna, Lic. Manuel R. Parada, José María Paredes, Miguel Padrés y Ramón Oviedo.

Un Juez llamado Germán Velasco, queriendo congratularse con el Gobernador, que es quien lo protege, los mandó a aprehender, dizque por perturbadores del orden público.

No hay tal perturbación del orden, lo que se pretende es acallar toda iniciativa popular, que trae por resultado el aplastamiento de una administración pública que se bambolea. Los medios son reprobables; una administración pública, para prestigiarse debe procurar que los derechos de los ciudadanos no se lesionen. Si se lesionan, viene la bancarrota administrativa y por consiguiente su descrédito.

Hay que tener en cuenta que el escándalo de Hermosillo, traspasa las fronteras y atraviesa los mares, llevando al extranjero una idea bien triste de nuestro decantado progreso.