Regeneración N° 20, 31 diciembre 1900

LA LIBERTAD HA MUERTO

En otro lugar1 tratamos de la supresión de nuestro inteligente y enérgico colega El Heraldo, de Aguascalientes.
            El Heraldo indicó que se suspendía su publicación por oposicionista y de orden de la autoridad.
            Esta declaración honrada y sincera, molestó a esa autoridad quisquillosa y arbitraria, y se sintió difamada, ordenándose desde luego la encarcelación del Sr. Lic. Aniceto Lomelí, poniéndolo rigurosamente incomunicado.
            Para hacer más escandaloso el atropello, se mandó clausurar la imprenta en que se imprimía el colega.
            El auto de prisión encierra tan sangriento sarcasmo, que por sí solo basta para formarse una idea de lo injustificado del procedimiento.
            Hasta ahora, y el honor toca a los tribunales de Aguascalientes, no sabíamos que las autoridades podían ser difamadas. Sabíamos que podían ser ultrajadas. Tampoco sabíamos que se pudiera desprestigiar al desprestigio.
            El pretexto es burdo; en él sólo se ve el deseo de que El Heraldo dejara de publicarse, el mismo deseo que hubo aquí para que dejara de existir El Hijo del Ahuizote.
            Mal acaba este siglo para los asuntos periodísticos. En él se ha cometido toda clase de vejaciones a las personas que se dedican a descubrir las maquinaciones de los mandatarios. Para nosotros, que lo comenzamos luchando por la libertad, estamos condenados a terminarlo arrastrando las cadenas del esclavo.
            Está mal que habiéndose llamado de las luces a este siglo, termine por apagar su fuego para sumergirnos en las negruras del absolutismo.
            Damos el pésame a la Libertad y a la Democracia.

1 Véase supra,art. núm. 230.