Regeneración N° 5, 07 septiembre 1900

El asunto del “Onofroff”

EL DELITO DE IMPRENTA NO ES CONTINUO
Ya conocen nuestros lectores “El asunto del Onofroff” de que hablamos en uno de nuestros números anteriores1.
            Don Abraham Sánchez Arce, redactor de aquel periódico, que se publicaba en esta Capital, fue aprehendido en la Ciudad de Toluca, por acusación que presentara en su contra un señor D. Felipe Quiñónez.
            El Juez del estado de México, es notoriamente incompetente, para conocer de una acusación por delito cometido en esta Ciudad, pero ha creído encontrar un expediente para justificar su proceder, en la conocida clasificación entre delitos continuos e instantáneos, lanzando en público la original doctrina de que las injurias por la prensa son delitos continuos que se van cometiendo por todos los lugares por donde pase la hoja denunciada.
            Estableciendo la referida clasificación, dice Ortolán: “En las acciones humanas, hay algunas que, desde que son cumplidas, cesan por ese mismo hecho, sin poder prolongarse más allá; otras por el contrario, aun después del primer cumplimiento, son de naturaleza de continuarse idénticas consigo mismas, durante un término más o menos largo, acaso indefinido.” 2
            Si estas acciones son criminosas, constituyen, las primeras, delitos instantáneos, y las segundas, delitos continuos.
            Obsérvese que se trata de la persistencia o cesación del acto mismo, no de sus consecuencias. El que hiere o el que mata, una vez que ha hecho el disparo o causado la herida, cesa en su acción, por más que el efecto de ella, perdure por todo el tiempo de la enfermedad del herido o eternamente en caso de homicidio.
            Si la base para la clasificación del delito en continuo o instantáneo, hubiera de ser el tiempo de duración de los efectos del acto punible, muy pocos delitos serían instantáneos y habrían de listarse entre los continuos el homicidio, la violación, etc., etc.
            El delito de injurias, según el criterio que acabamos de establecer, es un delito instantáneo, porque la acción del agente concluye desde el momento en que lanza la última frase, aunque el eco, el fonógrafo o la imprenta lo reproduzca, como la fotografía pudiera reproducir el escenario de un homicidio o de una violación, y no por ello se considerarían el homicidio y la violación como delitos continuos.
            Aquel delito se comete allí donde el agente lanzó a la publicidad la frase injuriosa, y no en donde el viento lleve la última repercusión del eco.
            La imprenta presta sus formidables alas a la palabra y puede hacerla repercutir al otro lado de los mares, pero todo criterio sano al pasar la vista por las columnas de un periódico, no puede creer, que allí, a su lado, junto de él, está el cerebro que piensa ni la pluma que traduce.
            No salva al Juez de Toluca, de la censura a que es acreedor por avocarse el conocimiento de una causa para la que es notoriamente incompetente, el ardid de que se vale, que no es más que una acechanza tendida a la ley.

1 Véase supra, art. núm. 12.

2  Vid. Ortolán. Tratado de derecho penal: penalidad, jurisdicción, procedimiento, según la ciencia racional, la legislación positiva y de la jurisprudencia, con datos de estadística criminal. Trad. Melquíades Pérez, Madrid, López, 1895. 2 vol.

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