Regeneración N° 6, 15 septiembre 1900

LOS REGISTROS DE NACIMIENTO Y EL SECRETO PROFESIONAL

“Convendría, si fuere posible, que las parteras olvidasen hasta el nombre y las señas particulares de las mujeres a las que han asistido en secreto. Por lo menos, no deben hablar de ellas, ni directa ni indirectamente. Están en la obligación de saber, que son a este respecto como confesores.” (Joan Astruc, L’Art d’Accoucher reduit a ses vrais principes.1)

No opina lo mismo el Sr. Gobernador del Distrito2. En México, según él, los médicos, cirujanos y matronas, deben hacer saber el día, la hora y el lugar en que asistieron al parto y si el producto fue varón o hembra y aún debe indagar qué nombre y aun que apellido habrá de llevar el recién nacido.

La indiscreción más trascendental, la del profesor que en momentos de angustia, entra al templo de la conciencia con la investidura del sacerdocio y a través de los gemidos de un enfermo, ve la honra de toda una familia, sin los atavíos con que se presenta en sociedad, quedará desde ahora a merced de los esbirros de una policía que el Sr. Gobernador establece, para que los hombres tengan estado civil, aunque sea sin honra y aunque sea con oprobio.

Ya la mujer que caiga víctima de las asechanzas del amor, no tendrá un rincón obscuro donde esconder su vergüenza. Tiene que elegir entre la muerte, que probablemente encontrará si elude toda intervención médica, o la publicidad irremisible, que representa esa partera acosada por los esbirros y temerosa de caer bajo la acción de la justicia.

Si este solo argumento hubiera en contra de las determinaciones que estudiamos, sería bastante, para tacharlas de inicuas y contrarias a la tranquilidad de las familias, ambas cosas protegidas por los arts. 264 y 768 del Código Penal que castiga, el primero, con dos años de prisión al que revele un secreto que esté obligado a guardar, por haber tenido conocimiento de él en razón de su estado o profesión, y el segundo que prohíbe a las autoridades a compeler a los confesores, médicos, comadronas, abogados, etc., etc., a que revelen los secretos que sorprendan en el ejercicio de sus profesiones.

1  Vid. Joan Astruc, L’Art d’Accoucher reduit a ses vrais principes, ou, lón expose les pratiques les plus sures & les plus usites dans les differentes especes d’accouchemens, París, Guillaume Cavelier, 1776.

2  Refiérese a Manuel de Landa y Escandón, gobernador del Distrito Federal en diferentes momentos, entre ellos de noviembre de 1899 a octubre de 1900.