Regeneración N° 6, 15 septiembre 1900

EL BRINDIS DEL CANSANCIO

De un interesantísimo brindis (por lo malo, literariamente considerado) pronunciado por el Ministro de Justicia e Instrucción Pública en el banquete que le ofrecieron algunos de sus admiradores, tomamos los siguientes párrafos, que hoy publicamos para solaz de nuestros ilustrados lectores.
Aunque algunas personas le han puesto al discurso del Sr. Baranda, el mote de brindis del cansancio, creemos que no está en lo justo, pues nadie se cansará, ni se ha cansado, ni nosotros nos cansamos de saborear la amenidad que campea en dicho brindis. He aquí los párrafos tomados de “El Imparcial.”
            “Recuerdo señores, aunque no soy muy fuerte en achaques de historia, que Arístides fue desterrado de Atenas, únicamente porque sus conterráneos dieron en llamarlo casto.
            Es un fenómeno psicológico digno de la mayor observación y estudio que los individuos y los pueblos se cansen, que se lleguen a hastiar de todo; tanto de lo bueno como de lo malo; aunque por desgracia, más de lo bueno que de lo malo; pero el hecho es esto. Y entre otras muchas pruebas, ahí tenéis la cita histórica a la que acabo de referirme.
            Nosotros señores, parece que no nos cansamos ni en lo grande ni en lo pequeño. Once años luchamos por la independencia de Patria, cuatro por la Reforma, seis por defender una y otra de nuevas e injustas presiones. Cuauhtémoc, Hidalgo, Guerrero y Juárez, son modelos acabados de perseverancia; nunca se cansaron de cumplir con sus arduos y trascendentales deberes, y por eso han alcanzado la gloria y la inmortalidad.
            El Sr. Gral. Porfirio Díaz no se cansa de recoger laureles en los campos de batalla, durante esas dos últimas épicas luchas, ni se ha cansado en el Poder Supremo de hacer la felicidad de la nación (Aplausos.)
            Señores; el pueblo mexicano no se ha cansado de admirarle y bendecirle; y más de entusiasmo y unánime aclaración, que en el voto público, acaba de imponerle un nuevo periodo presidencial, para honra y provecho de ese mismo pueblo, a quien ha consagrado su laboriosa existencia. (Aplausos.)
“En lo pequeño, señores, y digo pequeño relativamente, tampoco nos cansamos. Vosotros, bondadosos amigos míos, no os habéis cansado de manifestarme vuestra consideración y vuestro efecto, ofreciéndome, año por año, este banquete digno de Lúculo1, en el que se han interpretado vuestros nobles sentimientos elocuentemente por el distinguido orador que acaba de hacer uso de la palabra en galanas frases y benévolos conceptos, mi ilustrado, antiguo compañero y amigo el Sr. Lic. Enríquez.
“Yo tampoco me canso, ni me cansaré nunca de tributaros mi profunda gratitud, que guardo en lo más hondo de mi corazón y que legaré a mis sucesores, como herencia forzosa, que en esto no reza el precepto legal de la libre testamentatifacción (Nutridos aplausos.)
.”.. Tenemos por último al Sr. Ministro de España2, y permitidme que haga una especial mención de él, porque si no la hiciera, no merecería hablar en la lengua en que torpemente me estoy expresando. (Aplausos.)”
Después de esto, que no sabemos cómo llamarle, sólo nos está preguntar: ¿Una persona que habla de este modo y tiene conceptos tan pobres, podrá ser un buen Ministro de Justicia e Instrucción Pública?
Nosotros contestaremos siempre negativamente.
Además, desde luego se comprende, que si el Ministro no es fuerte en achaques de historia, como familiarmente confesó en el banquete, ¿cómo andarán los jueces en achaques de jurisprudencia? ¿Clímaco, Pérez y Patiño Suárez? …

1  Lucio Licinio Lúculo. (ca. 117-56 a. n. e.) Político y general romano, se distinguió durante la guerra civil. Pretor de África y Cónsul. Célebre por su buen gusto a la mesa y los opíparos banquetes que ofrecía.

2 Probablemente, José Brunetti y Gayoso.

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