Regeneración N° 7, 23 septiembre 1900

EL AUMENTO DE SUELDO A LOS EMPLEADOS JUDICIALES

En nuestro número anterior dimos cuenta, de que la Secretaría de Justicia ha prometido estudiar la manera de aumentar el sueldo a los escribientes del ramo judicial.
De sobra es decir que se impone la necesidad del aumento de sueldo a dichos empleados.

En efecto, el mezquino sueldo de que gozan, no basta para llenar las necesidades ordinarias del modo de ser actual de un individuo perteneciente a la que se da en llamar clase media. El individuo de la clase media, tiene que sostener una posición, que si bien dura y pesada para él, se hace necesarísima en consideración a las exigencias sociales.

De aquí puede provenir que algunos escribientes, no bastándoles la exigua remuneración que reciben del Erario, transformen los Tribunales en establecimientos de especulación, y hagan objeto de lucro la más insignificante de sus atribuciones, porque si el sueldo no alcanza a satisfacer su necesidades, y las más imperiosas de éstas reclaman la ayuda del dinero, pueden calcularse los medios de que podrán valerse algunos de esos empleados que sean poco escrupulosos en lo que toca a los sentimientos de honradez y moralidad, para arbitrase ese dinero que no pueden obtener de la mezquindad de su sueldo.

De seguir retribuyéndose tan miserablemente a los escribientes del ramo judicial, pueden resultar hechos, tan asquerosos, que harían perder el decoro de la Administración de Justicia y el prestigio de lo que debiera ser una Administración recta y justiciera.

El escribiente que con cincuenta pesos mensuales de sueldo, tiene que sostener una familia, y a la que no solamente tiene que dar alimentos, sino que tiene que vestirla y atenderla en caso de enfermedad, dando al mismo tiempo la indispensable educación a sus hijos, se verá precisado, si no tiene escrúpulo para ello, a vivir de las propinas de los litigantes como cualquier recamarero de hotel o a poner precio a su secreto profesional o a la mayor o menor influencia o confianza de que goza cerca de sus superiores o que estos le dispensan.

No se necesita tener una inteligencia superior, para poder apreciar los funestos resultados que pudiera acarrear una conducta semejante, a la que empuja la miseria y alimenta una retribución mezquina.

Nosotros creemos que no solamente a los escribientes debería aumentarse el sueldo: también a los Jueces y Magistrados.

De estas personas depende en gran parte que se imparta justicia, y si ellas, lo mismo que los escribientes, cuentan con familia que sostener, y si se tiene en cuenta, además, el rango que por su empleo tienen que ocupar en la sociedad, resulta indecorosa la retribución que se les da.

Para ser Juez o Magistrado, haciendo a un lado los motivos de influencia que hasta ahora han bastado para encumbrar a muchos de esos funcionarios, se requiere que la persona que va a ocupar alguno de esos puestos sea, no solamente honrada, puesto que entonces se podían asimilar a los Jueces de paz, analfabetas las más de las veces, sino que se requiere que la persona que va a ocupar puesto tan alto, sea además, suficientemente instruida y apta para desempeñar el cargo, y es difícil, y casi imposible, que una persona que reúne esas circunstancias se conforme con ganar el sueldo que le asigna el presupuesto: y entonces, despreciados esos empleos por los
hombres de valer y verdadero mérito, darán paso a las nulidades científicas, que por desgracia abundan en la magistratura.

Además si el escribiente pudiera conformarse con propinas para ver de nivelar en algo su modesto presupuesto doméstico, el Juez o el Magistrado acosados por el hambre, gravitarían sobre el litigante, y sacando la justicia a remate, la adjudicarían al mejor postor.

Bien comprendemos que los funcionarios honrados, y para los que sobre toda preocupación, siguen la senda del deber, escabrosa, es cierto, pero no por eso menos digna, nada importan el hambre y la miseria, si el triste pan que llevan a la boca es el producto de una labor honesta y no el resultado de una conducta equívoca.
Para evitar esos graves inconvenientes que a la ligera dejamos apuntados y que no decimos que existen, pero sí que pudieran producirse, es urgentísimo retribuir el trabajo de los empleados del Poder Judicial liberalmente y no con la mezquindad que hasta ahora se ha hecho.

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