Regeneración N° 7, 23 septiembre 1900

EL PALADÍN

Hemos sido impresionados de una grata sorpresa: no ha muerto, del todo, el espíritu público en México.

Al revisar la prensa de los Estados, nos encontramos con el primer número de un nuevo órgano de la opinión pública, de la verdadera opinión la que no está subordinada al mandato de los poderosos. Nos referimos a «El Paladín» que acaba de ver la luz pública en Guadalajara.

En estos tiempos de pusilanimidad política, es raro que haya hombres como los redactores de este periódico que hagan saber con honradez  y franqueza sus propósitos, y por lo mismo, es de aplaudirse su actitud resuelta y enérgica.
Dice: «El Paladín:»
«El pueblo de Jalisco, sufre como nunca; padece y calla.
«Vamos a hablar en su nombre; a luchar en su favor.
«Y no esta actitud es nueva en nosotros, ni desconocidos para el nuestra entereza y desprecio a los peligros.
«Callar, cuando se necesita debatir los intereses sociales es una felonía atroz.
«Y guardar silencio ante el temor del desagrado oficial y sus tremendas represalias, es una cobardía repugnante y vergonzosa.
«Por lo demás, nuestra tarea tiene que resultarnos a la postre, ingrata y dificilísima. No importa»

Tiene razón «El Paladín,»no hay palabra con que designar la cobardía, que consiste en callar, cuando se necesita debatir los intereses sociales. Esta cobardía sólo sirve para alentar en el camino de la desvergüenza a algunas autoridades, poco o nada escrupulosas, de las que por desgracia, no son escasos los ejemplares en nuestra infortunada República, pues es natural que no habiendo quien tenga el valor suficiente, para demostrar los malos manejos de ciertos funcionarios, éstos, con la impunidad de sus crímenes darán rienda suelta a sus pasiones y harán alarde de sus crímenes con menosprecio de la moral.

Por otra parte hacen bien los redactores de «El Paladín» con no desmayar en su empresa. Si ellos no llegan a ver realizados sus nobles deseos, los realizarán las generaciones venideras, al secundar el ejemplo del civismo dado por sus mayores en esta época aciaga para los escritores públicos.

Felicitamos muy cordialmente a los inteligentes Señores Licenciados Leopoldo Valencia y Enrique A. Bravo Director y Secretario de redacción respectivamente, de tan simpático y valiente colega.

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