Regeneración N° 8, 30 septiembre 1900

Tardé1 y Ponciano Arriaga2

“Quisiera una magistratura animada de un gran orgullo corporativo, de una altivez insoportable, pero valiente. Quisiera que no se pudiese atacar injustamente a un magistrado en el cumplimiento de su deber, sin que en el acto no se levantasen como un solo hombre todos los magistrados de Francia.”
Tardé.

“¡Ojalá que todas las autoridades y los ciudadanos todos se levantaran como un solo hombre, creyendo que el ataque a las garantías del individuo, es un ataque a la sociedad entera!”
Ponciano Arriaga.

Sueña Tardé al pretender una magistratura animada de un gran orgullo corporativo, y sueña, porque ese orgullo podrá existir cuando no haya un solo magistrado que no cumpla con su deber.

Ese gran orgullo corporativo es el resultado de una labor uniforme, encaminada hacia el mismo fin, teniendo los mismos ideales, las mismas aspiraciones. En una palabra, se necesitaría que todos los magistrados tuvieran un solo móvil: el de impartir justicia.

Pero cuando no es así, es decir, cuando no todos tienen los mismos ideales, y que mientras uno sigue el camino recto, el otro escoge la senda contraria; que cuando éste administra justicia, desinteresada y lealmente, el otro, olvidando o despreciando su misión, favorece al poderoso, por la única razón de que es fuerte, y sólo condena al desvalido, por la única razón de que es miserable, entonces, el magistrado escrupuloso, el verdadero sacerdote de la justicia lanzará su anatema sobre el magistrado venal, y nunca protestará por los ataques que se dirijan contra su indigno colega.

¡Ah! Si el magistrado íntegro se levantara ante el ataque dirigido a su colega que no cumple con su deber; si el magistrado honorable, haciendo causa común con el perverso, protestara contra las imputaciones que a éste se le hicieran, habría muerto la idea de justicia, y surgido, para ocupar su lugar, el deseo inmoderado de defensa del gremio, confundiéndose en estrecha amalgama la probidad y el pillaje, alentados por el egoísmo generador de las revoluciones sociales.

En cambio, como dijo el Constitucionalista Arriaga, si todas las autoridades y los ciudadanos todos, se levantaran como un solo hombre, creyendo que el ataque a las garantías de un individuo, es un ataque a la sociedad entera, se habría llegado, si no a un grado perfecto de justicia, sí al menos a un estado muy cercano de la perfección.

Entonces, no se vería con odio el trabajo honrado consistente en denunciar, en hacer públicos los atentados al derecho y las groseras violaciones de garantías individuales, porque teniendo la víctima un defensor en cada ciudadano, sus bienes y su honra estarían a salvo de burdas asechanzas.

De este modo se conseguiría que no se hiciera burla de los derechos del hombre, que no hubiera presiones injustificadas y violaciones flagrantes de las garantías que otorga nuestra libérrima Constitución, siendo la mejor manera de honrar a los mártires que la sostuvieron, acatarla y respetarla. De este modo no habría temores para denunciar violencias cometidas en las personas.

Es, pues, necesario que todos los magistrados cumplan con su deber, para que pueda existir esa solidaridad de acción a que aspira Tardé, y sólo podrán cumplir todos sus obligaciones, cuando las autoridades y los ciudadanos se levanten como un solo hombre, para protestar contra los injustificados ataques a las garantías individuales y exigir el castigo de los culpables.

 

 

 

1  Gabriel Tardé (1843-1904). Abogado, criminalista, psicólogo y sociólogo. Cercano las ideas de Spencer y Charcot, desarrolló estudios especializados en opinión pública, multitud, sectas y criminalidad política.  Escribió, entre otras, Las leyes de la imitación (1890), La opinión y la multitud (1904) y Logique social,  (1894).

2 Ponciano Arriaga  (1811-1863). Liberal potosino. Diputado al Congreso de la Unión en 1843 y 1846. Ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en 1852. Tras el triunfo de la revolución de Ayutla fue electo diputado al Congreso Constituyente de 1856 por distritos de San Luis Potosí, Jalisco, Guerrero, México, Michoacán, Puebla, Zacatecas y Distrito Federal; igualmente fue electo primer presidente de ese congreso, donde por su destacado papel fue considerado “padre de la Constitución” de 1857.