Regeneración N° 9, 7 octubre 1900

UN ASALTADO PRESO Y LOS ASALTANTES LIBRES

Acaban de efectuarse en el Juzgado de Paz de Tecómitl, Tlalpan, algunos actos ilegales cometidos por el Juez de dicha población, los que por revestir gravedad en lo que concierne al buen nombre de la Administración de Justicia, pasamos a relatar.

El Sr. Marcelino Castro, su hermano D. Atenedoro del mismo apellido y un amigo de ambos, fueron víctimas de un asalto por varios bandidos a la entrada del pueblo mencionado.

Uno de los asaltantes fue herido por D. Marcelino Castro, al repeler el ataque violento de que en unión de sus compañeros fue víctima.

Ahora bien, el Juez de paz, en lugar de aprehender a los asaltantes, aprehendió al Sr. Castro y lo puso rigurosamente incomunicado, desoyendo las afirmaciones que se hacían acerca de quienes eran los malhechores, quienes han servido de testigos de cargo en este asunto, y gozan de libertad, porque así lo han querido el Juez, que se apellida Guevara, y su hijo, un maestro de primeras letras, que ha fungido de asesor en este escandaloso negocio.

No sabemos a que atribuir esta extraña complacencia de ese Juez que deja a los bandidos en libertad y encarcela a la víctima.

Por otra parte, el Sr. Castro ha estado a punto de perecer a manos de los asaltantes estando ya preso, sin duda para evadir éstos las responsabilidades que pudieran originarles la denuncia que hiciera de ellos su víctima, habiendo llegado la audacia de los malhechores hasta pretender derribar la puerta del calabozo en que aquel se encontraba.

Ni el Juez, ni su hijo el maestro, de primeras letras, que le sirvió de asesor, ni los gendarmes, parece que se apercibieron de semejante atentado, y cuando se les hubo relatado éste, nada hicieron por capturar a los delincuentes.

Estos hechos horrorizan. Esa negligencia por parte de las autoridades encargadas de velar por las vidas y bienes de los ciudadanos, exaspera, y hace entrar en consideraciones pesimistas, porque si en el Distrito Federal, en donde es fácil suponer que se acatan los preceptos legales, acontece esta clase de actos, en los Estados, y sobre todo, los lejanos del centro, ha de dejar mucho que desear la Administración de Justicia.

Si las autoridades en lugar de encarcelar a los bandidos que asaltan, encierran al asaltado, ese hecho traerá la consecuencia de que en lo sucesivo, no habrá víctima que interponga queja alguna y los malhechores obrarán con entera libertad.