Regeneración N° 10, 15 octubre 1900

La Democracia y el Motín

En México, el profesionista no puede predicar la democracia, porque en el acto se produce el motín; no puede escribir libremente, porque la letra de molde, clara y viril, excita el apetito revolucionario; no puede, en suma, luchar por la libertad hasta conquistarla, por que antes conquistaría la revuelta con todos los horrores del robo y el estrellamiento de los aparadores de Plateros.
El Universal.

Si nuestros reformistas hubieran pensado como El Universal, ¿nos habrían dejado la Constitución del 57? No; por el contrario, regirían los sistemas de encomiendas, y el pueblo, que sigue siendo esclavo de hecho, lo seguiría siendo de derecho.
            Según El Universal, el pueblo, ese pueblo que ha derramado su sangre para libertarnos, no necesita libertades políticas, no necesita que se le enseñe a practicar la democracia, no necesita saber leer.
            Esta doctrina, de un marcado sabor monárquico, es la doctrina de todos los tiranos. Esa doctrina fue la que destruyeron nuestros padres del 57 al predicar la democracia, redactándola con letra de molde clara y viril, sin preocuparse de femeniles temores de excitar el apetito revolucionario.
            Predicar las doctrinas monárquicas en nuestro país, ahora que todos los pueblos, aun los más monárquicos, tratan de dar ilustración a las bajas capas sociales, es sencillamente un atentado contra las ideas del siglo, un atentado contra los ideales de nuestros reformistas, que quisieron hacer un pueblo digno y culto del que hoy se trata de rebajarlo y envilecerlo.
            Si no se dan instrucciones de civismo a nuestro bajo pueblo, a cada rato lo veremos injuriado impunemente, como el periódico The Two Republics acaba de hacerlo con desenfado, llamándolo analfabeta, perezoso, supersticioso, vano y orgulloso de su honor.
            Matar todo espíritu de democracia en nuestro pueblo es perdernos. Está probado históricamente, que en general, nuestros hombres de energía han salido de esa masa popular a la que ahora quiere El Universal dejar sumida en la más completa ignorancia. Recórrase la lista de nuestros generales y véase de qué escala social ha salido la mayor parte de ellos; la lista de nuestros políticos, y se verá de qué clase han salido también.
            Ahora bien, no sabemos de dónde inferir que predicando la democracia se produzca el motín, no sabemos por qué la reclamación de los derechos ha de producir trastornos.
            Si al predicar la democracia y ejercitarla viene una fuerza extraña a oponérsele; si cuando se reclama un derecho, entiéndase bien, un derecho, se niega alguien a concederlo, más bien a satisfacerlo, porque los derechos se satisfacen, no se conceden, si cuando se reclama justicia se abofetea al reclamante, entonces sí se producirá el motín, porque a la conquista de la libertad se opondrá la tiranía, y al conquistar aquélla contra ésta chocarán ambas fuerzas, de cuyo choque se obtendría la revuelta con todos los horrores del robo y el estrellamiento de los aparadores de Plateros.
            No, la práctica de la democracia no produce el motín, la reclamación de derechos no acarrea trastornos. La tiranía es la que produce el motín, y la opresión es la que acarrea los trastornos.