Regeneración N° 11, 23 octubre 1900

Los Jueces Notarios

Con este título publica nuestro ilustrado colega La Evolución, de Durango, un sensato y bien meditado estudio, sobre la incompatibilidad del ejercicio de la judicatura y la del notariado. Muchos de los Jueces de la República tienen la facultad de ejercer de notarios y casi nunca se compadecen una y otra funciones.

El Juez tiene, por una parte, un sueldo seguro emanado de un presupuesto ajeno a vaivenes; y por otra, emolumentos cuya cuantía depende de la mayor o menor demanda de actos notariales. El presupuesto fijo, no vacila, pero es exiguo; el presupuesto eventual, tiene oscilaciones imprevistas; pero puede producir pingües utilidades. De ahí la apatía del Juez para despachar los asuntos judiciales, y su actividad, ávida de emolumentos, para despachar los asuntos notariales. Esta actitud del Juez produce la desesperación de los litigantes que tienen paralizados sus asuntos indefinidamente.

Y es claro: el Juez despacha con mayor actividad a los litigantes que tienen asuntos notariales. Al cliente, es forzoso servirlo brevemente, con minucioso cuidado, con lujo de actividad, lo que se traduce en una rémora en los actos judiciales y en una inmoralidad, pues sería necesario tener una voluntad recta y una muy bien templada noción del cumplimiento del deber, para no caer en la tentación de proteger al cliente en juicio de que conozca el Juez, con preferencia al servicio que todo litigante merece.

Para corregir este mal, grave como todos los que tienden a la inmoralidad, es forzoso quitar a los Jueces la facultad de ejercer actos notariales.