Regeneración N° 11, 23 octubre 1900

El asunto Montes de Oca-Vázquez

En nuestro número 71 comunicamos a nuestros lectores la acusación formulada por el Sr. Francisco Vázquez contra el Sr. Lic. Luis Grageda, por varias irregularidades cometidas en el juicio que promovió al Sr. Vázquez, el Obispo Montes de Oca. Con sorpresa hemos sabido que el Tribunal Superior de San Luis Potosí se redujo a pedir un informe al Juez, a dar vista del asunto al Fiscal y sin citar al acusador y sin más datos en el proceso que el informe parcial de dicho Juez, mandó que se archivaran dichas diligencias. El acusador solicitó la reposición de ese auto inconcebible, y el Tribunal declaró que no había lugar a la reposición. Afortunadamente el Sr. Lic. Mauricio Dávalos, apoderado del Sr. Vázquez, ha ocurrido en demanda de amparo y esperamos que la Justicia federal no tendrá con el Obispo Montes de Oca, esas complacencias funestas que le han tenido los Jueces de San Luis Potosí.

En el juicio civil referido, hay detalles que no enaltecen mucho, ni a la autoridad judicial, ni a ese Obispo que tan bien sabe hermanar su misión evangélica con sus aspiraciones profanas. La sentencia ha sido pronunciada ya, naturalmente en contra del Sr. Vázquez, y contiene apreciaciones erróneas sobre las pruebas rendidas, apreciaciones que fundan la parte resolutiva, errónea también.

Por ejemplo; Montes de Oca, demandó al Sr. Vázquez, albacea de la sucesión de D. Mariano Morales, la firma de una escritura de compraventa de unas casas que el prelado dijo había prometido extenderle Morales, a quien ya había entregado los tres mil pesos, que como precio se estipularon. En autos no quedó probado que Morales hubiese recibido los tres mil pesos, y sin embargo, el Juez asienta que sí los había recibido.

Por otra parte, el Obispo ha confesado en autos que no conoce las casas en cuestión; que no conoció al dueño de ellas, D. Mariano Morales, con quien, dice, contrató; que no tiene recibo de los tres mil pesos que en su demanda dijo haber entregado; ni sabe si los entregó al finado, ni dijo si esa entrega la había hecho alguno de sus apoderados y quién de ellos, en fin, no aparece de autos ni se sabe qué persona celebró, con su poder, el contrato que se aseguró había existido. El Obispo ignora, pues, las condiciones del contrato de venta, la entrega de los tres mil pesos la ubicación y conocimiento de las casas, requisitos sin los cuales, no puede existir un contrato de compraventa, contrato que se perfecciona con el acuerdo de las partes en la cosa y en el precio.

Si dijo que, como acostumbraba, sus subalternos habían celebrado ese contrato, debió haber probado que esos subalternos tenían su poder y contrataban en su nombre. Y esa probanza no existe en autos.

No dejaremos pasar desapercibido el detalle de que no se han notificado al Sr. Lic. Mauricio Dávalos, apoderado del Sr. Vázquez, las resoluciones dictadas, ni la sentencia que pronunció el Juez Grageda. EL Sr. Lic. Dávalos concurría diariamente al Juzgado a informarse de las resoluciones habidas y siempre se le negaba ver el expediente, para no hacerle personalmente las notificaciones, las que en autos aparecen hechas por medio de cédulas fijadas en la puerta del Juzgado, lo que no es exacto, como lo ha llegado a comprobar el Sr. Lic. Dávalos por medio de dos personas que concurrían diariamente al Juzgado para ver si dichas cédulas se fijaban en las puertas.

Además, es curioso hacer notar, que las notificaciones del 23 de Septiembre de 1898, 2 de Noviembre de 1899, 3 y 4 de Abril de este año, y siete de Agosto último, que se dicen fueron hechas, no están autorizadas por el Comisario o Escribano de Diligencias, así como también el auto de 3 de Abril de este año, solamente está firmado por el Juez y no está autorizado por el Secretario o los Testigos de asistencia. Estas irregularidades comprueban, a más de que los empleados del Juzgado no cumplen con su deber, que para llegar al resultado de condenar al Sr. Vázquez, poco importan las fórmulas legales. Mucho sorprende que no se le hubiese sentenciado, para dar gusto al Obispo, sin necesidad de actuaciones.

Hay otro dato curioso. El Lic. Benito Carrizales, apoderado del Obispo, se ha presentado en autos gestionando como apoderado de éste. Ese Sr. Carrizales, hace seis años que es Juez Menor de San Luis Potosí, ejerce jurisdicción en la comprensión del Municipio, y sin embargo, el Juez Grageda le ha admitido su personería, tachada de nulidad por el art. 139 del Código de Procedimientos Civiles del Estado y por el inciso 4° del 2382 del Civil.

Próximamente comunicaremos a nuestros lectores otros detalles de este asunto, para que, con el desagrado que nos han causado, vean como en este país luchamos contra dos potencias, la oficial y la clerical.


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 Véase supra, art. núm. 52.

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