Regeneración N° 21, 7 enero 1901

COMISARIO SIN PUDOR

También en Guadalajara se cometen tropelías por los comisarios, que los hay tan arbitrarios como Jimeno.

Una ratera arrebató su portamonedas a una señorita de apellido Urzúa, que en compañía de una hermana suya, había ido a hacer algunas compras a una tienda de comercio. La señorita se defendió de la ratera, y entonces, ésta, despechada por no haber logrado su intento, se declaró robada, diciendo que ella era la dueña del portamonedas.

Las señoritas fueron conducidas a la 3ª Comisaría, que está a cargo de un déspota llamado Caravantes, quien dejó en libertad a la desvergonzada ratera, y ordenó que se despojara de sus ropas a las señoritas, para buscarles la prenda robada.

Las víctimas tuvieron, pues, la pena de sentir su cuerpo profanado por las manazas de los esbirros de Caravantes, sin poder protestar del atropello por ser la autoridad el que lo cometía.

Las autoridades superiores de Jalisco, deben castigar como se merece a ese Comisario sin conciencia, que con sus actos, atacó al pudor de las señoritas Urzúa.