Regeneración N° 21, 7 enero 1901

HAY QUE DESTITUIRLO

Como una muestra de funcionarios que no respetan la ley, vamos a presentar al Alcalde 1º Constitucional de Encarnación de Díaz, Jalisco, que además de ese cargo mal desempeña el de Alcalde de la prisión.
            Este funcionario, aparte de sus modales nada pulcros para tratar a las personas que por su desgracia tienen que acercarse a él, según se nos dice, retarda las causas el mayor tiempo posible con perjuicio de los infelices presos. Parece, que con motivo de su puesto de Alcalde, obtiene muy regulares utilidades, con la prolongación de la estancia de los presos en la cárcel.
            Tiene otra gracia ese mandatario, y consiste en impedir que los reos se comuniquen con sus defensores. Esos puntos le han valido las amonestaciones más o menos severas del Jefe Político y del Agente del Ministerio Público, pero ningún aprecio ha hecho de ellos, diciendo, como por vía de mofa, que también él es autoridad.
            Quejosísimos se muestran los habitantes de Encarnación de Díaz con tal funcionario, y no obstante que sus quejas han llegado a la superioridad, nada se ha hecho para remediar el mal, en virtud del desbarajuste, que reina en toda la Administración jalisciense.
            De desearse es, que se separe de sus puestos al empleado aludido, y así lo piden a gritos los habitantes de Encarnación de Díaz.