Regeneración N° 22, 15 enero 1901

VISITA OCIOSA

El Juez 1º de Distrito, con el propósito de hacerse popular por medio del artificio, ya que no lo logra por su deficiente labor, dispuso que se pusieran al corriente todas las causas y que se arreglaran todos los libros de registro de su oficina, y una vez preparado el terreno, invitó al Procurador General de la República, Lic. D. Rafael Rebollar, para que le hiciera una visita.

Se efectuó la visita, y, naturalmente, todo estaba en orden.

Las visitas, (creemos nosotros) para que sean eficaces, es necesario que sean imprevistas, para que de ese modo, no estando preparado el visitado, pueda apreciarse su labor normal.

La parte más interesante del acto, fue una especie de alocución, que el Juez 1º de Distrito, reñido con la buena forma literaria, pronunció con tan plausible motivo.

Dijo el funcionario, en resumen, que una parte de la gloria por él conquistada correspondía a sus empleados. Esto viene a confirmar lo que hasta el fastidio hemos dicho: que los empleados subalternos de los juzgados, trabajan tanto o más, y a las veces mejor, que muchos Jueces, debiéndose a su iniciativa y escrupulosidad el que muchos delitos, cuyas circunstancias se escapan al cerebro perezoso e inactivo de la generalidad de los funcionarios judiciales, no queden impunes. Esto no obstante, no se aumentan los sueldos a esos empleados inferiores.

Por demás esta decir, que si no fueran parientes del Juez los empleados del Juzgado 1º de Distrito, no había declinado en ellos parte de su gloria, por más que él asista tarde a su oficina y trabaje por término medio dos horas diarias.

Por supuesto, que no había de faltar la inmoderada alabanza al poderoso. Como también hasta el fastidio hemos apuntado, no se pierde oportunidad, por banal y nada significativa que sea, para lisonjear al General Díaz. Sólo que, el Juez, tan poco feliz y desgarbadamente lo hizo, que para dar vigor a su alabanza, rebuscó una frase que un escritor francés, en un momento en que no tenía de qué tratar, dedicó al Presidente. Dijo el escritor exótico, mal humorado por no encontrar una frase feliz, que el General Díaz es “predilecto del destino para llevar a término la obra monumental de la regeneración de México.”

Esa frase, echa por tierra lo que afirma la garrulería oficiosa, porque de ella se desprende que la obra del General Díaz, es hija de la casualidad. Hasta para alabar se necesita talento.

Para no hacer cansada esta crónica, diremos, que el funcionario federal, en su afán de halagar al poder, cometió un acto de irreverencia y falta de respeto al pueblo, diciendo que él (poca modestia) y sus empleados (sus parientes) se habían hecho acreedores a la confianza del Gobierno y del pueblo, en lugar de decir: del pueblo y del Gobierno. Primero el mandante y después el mandatario, primero el soberano (pueblo) y después el servidor (Gobierno).

Aconsejamos al C. Procurador de la República, se sirva hacer, en lo sucesivo, intempestivamente sus visitas, pues que, de otro modo, ningún resultado práctico darán.