Regeneración N° 22, 15 enero 1901

LOS FESTEJOS EN PUEBLA

El elemento oficial poblano y el comercio, explotando la oportunidad del reclamo en grande escala, organizaron los festejos de la semana anterior, subrayados con el bombo de las hojas subvencionadas, que no pierden oportunidad de ganarse el pan.
            Veamos algunos detalles:
            El Gobernador del Estado, proporcionó el prólogo a los festejos. Puso una nota cómica, que abrió alegremente las puertas del regocijo popular. Salió a encontrar al Gral. Díaz, y el tren presidencial pasó de largo, dejando a medio camino al Gobernador. Muchos opinan que fue una desgracia. Nosotros creemos que fue una imprevisión. De esas imprevisiones abunda la gestión administrativa del Gral. Martínez. Nadie podría adivinar su galantería, sin anunciarla previamente.
            De notable se ha calificado por un periódico oficioso, el discurso que pronunció el Sr. Magistrado Francisco Barrientos y Barrientos en la inauguración del Palacio de Justicia.
            Veamos una muestra:
            El Señor Magistrado, explicó las ventajas que encerraba la obra y señaló la utilidad del edificio, por encontrarse contiguo a la Cárcel, donde están procesados y poderse así conservar el secreto del sumario.
            Seguramente que no ha llegado a noticias del Sr. Magistrado Barrientos, que la Suprema Corte de Justicia, ha declarado contrario a la Constitución el secreto del sumario, y en efecto es así, porque ese inquisitorial secreto es un procedimiento arcaico y vacío que coarta la amplitud de la defensa de los reos.
            Debió, pues, el Magistrado Barrientos, de abstenerse a aplaudir, en su notable discurso, un procedimiento que choca con la Constitución.
            Dijo el mismo Sr. Magistrado que el Gobierno del Estado tiende en su política gubernativa a “ir realizando en la esfera de lo posible, siquiera algunos de los ideales que constituyen la fórmula de la Justicia.”
            Es extraño que ese gobierno no tienda a ir realizando todos los ideales que constituyen la fórmula de la Justicia, sino algunos. Sin embargo, se explican esas frases si recordamos el asunto Zafra-Montiel,1 hacia el que esos ideales no existían. Apelamos al testimonio de la Suprema Corte que no hace mucho tiempo amparó a D. Esteban Montiel en cinco amparos que promovió contra actos arbitrarios de autoridades de Puebla. Se explica la frase del Sr. Barrientos: esos ideales se realizan según las circunstancias.
            El Gobernador, en su discurso de bienvenida, dijo que el Gral. Díaz había alcanzado una apoteosis en vida, por su sabiduría y su probidad de gobernante modelo.
            Comprendemos que algunos Gobernadores tengan frases más o menos huecas para la persona que los sostiene en el Poder contra la voluntad popular; pero no teníamos noticia de que alguno llegara al extremo de halagar, como ha halagado el Gobernador de Puebla. Decir que un hombre público ha alcanzado una apoteosis en vida, es inusitado. Las apoteosis en vida son peligrosas a los ojos de la Historia. Creemos que no es muy halagador ese cumplimiento.
            En el mismo discurso dijo en Gobernador que los partidos antes beligerantes, con distintas tendencias, y distintos ideales, han desaparecido, para fundirse en uno sólo, el nacional.
            Tuvo razón el Gobernador para apropiarse las frases que el Presidente había dicho en el brindis del Teatro Nacional. Todos los partidos, hasta los de tendencias criminales, fueron llamados al banquete de la paz, (cliché de periodismo oficioso.) Conocemos algunas personalidades políticas que huían por las serranías de la República, no por patriotas, sino por sus tendencias criminales, al ser perseguidas por las fuerzas de seguridad pública.
            No se conformó el Gobernador con aquello del “apoteosis en vida,” sino que opinó debía gravarse con dorada inscripción en el libro de la historia Patria, la fecha en que se hicieron al Primer Magistrado, esas manifestaciones tan conmovedoras y de tanta significación.
            No sabíamos que por una manifestación oficial, secundada por el comercio, febril en proporcionarse reclamos, debía borronearse el libro de la Historia. Las letras de oro, están reservadas para los grandes hechos que producen grandes transformaciones, pero no para conmemorar los aplausos de unos cuantos desocupados en carácter de claque.
            El Gral. Díaz contestó ese discurso diciendo que se complacía en visitar la ciudad que, aunque último baluarte de la reacción, caminaba ya hacia su reconstrucción dirigida por el Gral. Martínez.
            No tiene razón el Sr. Presidente: Puebla seguirá siendo el baluarte de la reacción. Allí imperan frailes y despotismos. Por dos o tres edificios que se inauguran, y que resultan inútiles, porque allí, y en casi toda la República, no hay ni Justicia ni educación popular, hay en cambio un sinnúmero de arbitrariedades, tropelías y vejaciones.
            El epílogo bufo de los festejos, lo proporcionó un Conductor del tren Presidencial. Deseando imitar al Gobernador, no previó la hora de salida del tren y se quedó en Puebla.
            Total: Muchas fiestas de carácter oficial, a las que no asistió el pobre pueblo, muerto de hambre y sed de justicia. Esas fiestas, fueron un reflejo de las efectuadas aquí con motivo del nuevo periodo presidencial.
            Se gastó el dinero del contribuyente en un Palacio de Justicia, en donde, lo que menos habrá, será Justicia.
            Todo se redujo a un alarde (bien torpe por cierto) de progreso. Pero nosotros creemos que los edificios y los monumentos, cuando hay un pueblo pobre y hambriento, no significan progreso. El progreso será una realidad cuando la Justicia ampare a todos y cuando el desheredado sea igual en derechos al potentado. En caso contrario sobran los monumentos y los palacios.
            Es preferible que haya instrucción, y de eso no se ocupa el Gobernador Martínez, y nadie.

1 Véase supra, art. núm. 93.