Regeneración N° 22, 15 enero 1901

IMPUTACIÓN CALUMNIOSA

Un diario oficioso asienta lo que sigue: “Lo hemos dicho en varias ocasiones, en el delito de agresión a la policía hemos observado que el caso común no es que el agredido de lugar a la agresión: sino que el agresor se deja llevar por la antipatía general de las masas ignorantes a todo lo que significa orden, autoridad y ley, sentimiento de animadversión que no tiene a su favor otra circunstancia que la rudeza, desconocedora de la ilicitud criminal.”

Nada más inexacto. Nuestro pueblo es respetuoso para con todo lo que significa orden, autoridad y ley. Lo que no admite es la tropelía que rebaja la dignidad humana. Sufre con paciencia el encarcelamiento arbitrario, las frecuentes violaciones de leyes, el despojo de sus derechos y la suspensión de sus prerrogativas, pero no tolera que el gendarme ineducado y rudo, haga alardes de poder blandiendo el garrote que magulla miembros.

Si el personal de nuestra gendarmería fuera escogido y correcto, si supiera conservar su respetabilidad para ser respetado, si eludiera los ofrecimientos de pulque y el chacoteo que desprestigia, esa policía sería respetable y respetada y nuestro pueblo vería en él al guardián, en vez de considerarlo como camarada y alegre compañero de parrandas.

Nuestra policía, con escasas excepciones, es torpe para cumplir con su deber. Desde luego se exalta y apalea, abusa de su autoridad y conduce a golpes al infractor, quien en la Comisaría, se queja de abuso de autoridad, y se le desprecia por empleados altaneros que creen, o fingen creer, a pie juntillas, en el dicho del guardián, porque lleva uniforme.

Mientras no se efectúe una selección eficaz en el cuerpo de policía, seguirán esas agresiones de que se lamenta el periódico oficioso, agresiones que constituyen la defensa legítima en las sociedades primitivas, porque si rudo es el pueblo, según ese periódico, embrionario es nuestro personal de policía.