Regeneración N° 22, 15 enero 1901

Del Estudio Del Señor Licenciado Raigosa

Prometimos a nuestros lectores1 dar a conocer algunos detalles de ese interesante estudio.
            A más de imposible, sería una profanación hacer un extracto de él; pero en la imposibilidad referida, presentaremos algunos datos proporcionados por el talento y la observación del señor licenciado Raigosa.
            Se basa el estudio en los resúmenes oficiales de 1895 publicados por la Secretaría de Fomento. Esos resúmenes estadísticos arrojan los siguientes datos, sobre la distribución general del trabajo en la República:
            Personas ocupadas en todos los servicios agrícolas, industriales y mercantiles 3 883 684.
            Personas ocupadas en las funciones, empleos, cargos y servicios públicos de todas clases, incluyendo las que ejercen profesiones científicas o literarias 92 165.
            Personas ocupadas en el ramo de diversiones públicas 14 355.
            Personas ocupadas en los servicios domésticos 1 488 024.
            Personas ocupadas en estudiar en las escuelas de enseñanza secundaria y profesional 28 001.
            Población total que trabaja 5 506 229.
            Población total que no trabaja 6 985 344.
            Igual a la población de la República 12 491 573.
En seguida presenta el señor licenciado Raigosa el siguiente cuadro, para hacer observaciones respecto de los dos:
            Población que no trabaja 6 985 344.
            A deducir 1º personas que no están en edad de trabajar: niños de 0 a 8 años 3 177 741
            A deducir 2º personas incapacitadas de trabajar: ancianos de más 60 años e
inválidos 426 914.
            A deducir 3º personas que aunque no trabajan, tienen una ocupación
preparatoria para trabajar: niños de 9 a 14 años que asisten a las escuelas de instrucción primaria 604 513.
            Suman las deducciones 4 209 168.
            Personas adultas con capacidad de trabajar y que no tienen ocupación 2 776 176.
            Esta cifra alarmante de vagabundos en la República, sugiere al señor licenciado Raigosa la apreciación de que las condiciones vitales del país son anormales, y más se confirma en su idea cuando dice que las deducciones hechas en el cuadro último “son simplemente explicativas del hecho de no trabajar, por razón de edad o incapacidad; pero no alteran el hecho de que en un país de doce y medio millones de habitantes, cinco y medio millones trabajen para vivir y siete millones vivan sin trabajar. Lo normal parece ser y es en efecto, que exceptuando a los niños de 0 a 10 años cumplidos y los inválidos, el resto de la población adulta apareciera inscrita en los registros del trabajo. Así deberíamos tener 8 297 000 personas ocupadas contra 4 284 000 exentas; en vez de solamente 5 506 000 elementos activos contra 4 209 000 inhábiles, y 2 776 000 ociosas y vagabundos.”
            No se detiene allí el señor licenciado Raigosa y lleva su análisis implacable a algunas de las gruesas sumas que por condensación se han agrupado para formar el número de los elementos activos.
            Una de esas gruesas sumas es la de las personas que se ocupan en servicios o quehaceres domésticos, que asciende a 1 488 024, es decir, corresponde al 26 por ciento del total de individuos que trabajan, comprendiendo en el cómputo a toda la legión agrícola. La domesticidad es por lo tanto muy considerable en México; pero no son un factor económico para figurar en el número de agentes impulsivos propiamente dichos que realmente vigorizan el crecimiento y la vida nacional. Debe, pues, deducirse esa suma de 1 488 024 de los elementos activos del país, quedando éstos reducidos a 4 018 000 individuos que trabajan, contra 8 473 368 que viven del trabajo de los demás.
            Otra gruesa suma es la de la población agrícola, 2 890 991, que se compone de dos órdenes: el de propietarios territoriales, cultivadores por cuenta propia y empleados administrativos, y el llamado de peones del campo o jornaleros. El primer grupo, elemento activísimo y fecundo en la vitalidad nacional, es de 335 675 personas. El segundo grupo es de 2 555 316. Este último lleva una vida precaria, vegeta, no tiene exigencias ni satisface necesidades, pudiéndose decir que esa considerable masa no coopera sensiblemente al resultado de conjunto y no debe ser clasificada entre los agentes realmente impulsivos del crecimiento y del vigor de la nación. Debe, pues, deducirse como la anterior, resultando que el número positivo de elementos activos y eficaces se reduce sólo a 1 462 684 personas contra 2 555 000 elementos neutros y 8 473 368 pasivos o que subsisten del trabajo de los demás.
            En resumen, queda reducida la población activa de la República a 1 460 000 personas contra 11 031 000, cuya cooperación es insignificante o nula del todo en la grande obra de conjunto de nuestro organismo nacional. La vitalidad nacional es, pues, ficticia y aterradora, y la consecuencia inevitable y fatal de esa enorme masa inactiva, será una rémora a la competencia en la gran lucha por la vida internacional y un gravamen oneroso sobre esa pequeña minoría que tiene que soportar los gastos y cargos públicos de carácter general.
            Se produce un desaliento oprimente después de meditar esas observaciones del señor licenciado Raigosa, que ha descorrido un velo que ocultaba una realidad abrumadora. Sin embargo, pudiera ser ese cuadro pavoroso, el estímulo eficaz para remover, a fuerza de constancia y labor, ese obstáculo tremendo al adelanto efectivo de nuestra patria.
            Ya el gobierno ha palpado la realidad. Veremos qué elementos pone para atenuarla.
            Seguiremos dando a conocer más detalles del interesante estudio.

1 Véase supra,art. núm. 231.

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