Regeneración N° 23, 23 enero 1901

LA ESCUELA PREPARATORIA

Desde que el Sr. Lic. y Coronel D. Vidal de Castañeda y Nájera1 es Director de la Escuela N. Preparatoria, el régimen de ella se reviste de un absolutismo  y de una deficiencia que no producirán frutos sanos, sino florescencias morbosas que arrojarán a la lucha del porvenir, una generación enclenque y vacilante. En la Escuela preparatoria se deforma moral e intelectualmente a la juventud estudiosa y se le reprime su vigor y energía con prácticas nocivas de una rigidez militar.

La juventud no debe tener el mal ejemplo de una organización tiránica. La rigidez excesiva, produce en ella el relajamiento del sentido moral. La voluntad quebrantada con disposiciones inútiles y necias, deforma el carácter. El ejemplo constante de la tiranía mediocre y burda, pervierte los principios sanos. La juventud preparatoriana, tiene a la vista el mal ejemplo de una tiranía tosca ejercitada por empleados (hay sus excepciones) carentes de educación y sobrados de modales altaneros, y la juventud se irá deformando hasta entrar a la vida práctica sin aspiraciones, sin energías, sin carácter y sin vigor.

Veamos algunos ejemplos de disposiciones inconvenientes.

Las labores de la Escuela se marcan a toques de campana. Hay una disposición por la que los alumnos no pueden salir del edificio, sino hasta que esta suene. Sucede con frecuencia, que los profesores no suspenden sus clases en el momento preciso del toque de la campana, sino dos o tres minutos después. Los alumnos de esa clase estarán obligados a esperar nuevas campanadas para poder salir del edificio, lo que les hace perder una hora o más. Este es un inconveniente grave, porque hay alumnos que tienen otras ocupaciones y que las desatienden por causa de la disposición absurda referida.

En el Colegio chico, hay un salón que se llama de Estudios. Allí se hace estudiar a los alumnos. Lo más natural parece que cada uno estudiase o no como mejor le pareciese; pero en la Escuela Preparatoria se acostumbra el estudio obligatorio, a cuyo efecto, un empleado vigila a los alumnos para obligarlos a estudiar. Nosotros creemos que el estudiar o no, debe ser voluntario por parte de los alumnos, porque parece que el estudio obligado no encaja en jóvenes que no tienen voluntad para ellos. De todas maneras perderán el tiempo, y si el alumno no desea estudiar tendría que afectar que estudiaba, lo que desarrolla en los jóvenes la hipocresía.

Por falta de espacio, no referimos otras disposiciones igualmente banales y desprovistas de necesidad. Tiempo tendremos para ir presentando a la Escuela Preparatoria, tal como es, es decir, tal cual la ha organizado su actual Director, impuesto caprichosamente, ya que no por su talento y ciencia.

1Vidal de Castañeda y Nájera. (1833-1903). Abogado capitalino. Participó en la Convención de la Unión  Liberal de 1892, punto de origen de los llamados ‘científicos’. Director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia (1872); director de la Escuela Nacional Preparatoria (1880-1900).