Regeneración N° 23, 23 enero 1901

DEL ESTUDIO DEL SR LICENCIADO RAIGOSA

El inteligente abogado presenta un último cuadro, que califica justamente de significativo y desconsolador, porque él da toda la medida de nuestro desequilibrio funcional y de la inercia pavorosa de las grandes masas a los estímulos de la civilización.
            El cuadro es el siguiente:
            Población total de la República:
            (en 1895) 12 491 573.
            Personas que saben leer y escribir 1 782 822.
            Personas que saben leer, pero no escribir 323 336
            Número total de personas que han recibido instrucción elemental 2 106 158
            Población absolutamente analfabeta 10 385 415.
            Se deducen los niños que no tienen edad escolar 2 338 434
            Población total que tiene edad para aprender y no ha recibido ninguna instrucción elemental 8 046 981.
            La elocuencia brutal de esos guarismos imperturbables y severos, “está poniendo a descubierto (dice el señor licenciado Raigosa) la extensión y profundidad de la llaga que desintegra los tejidos del cuerpo de la patria, y derrocha en pura pérdida lamentable, el tesoro de tantas potenciales energías como se escapan a torrentes, desprendidas, inútiles, ignoradas, en vez de dirigirse por las arterias del organismo nacional, a las fuentes de vida, de vigor y de progreso.”
            Ante esos datos y esas autorizadas palabras, se confirman nuestras aseveraciones sobre que nuestra realidad nacional, está muy lejos de las declamaciones insubstanciales de la prensa asalariada, nacional y extranjera. Nuestro progreso, no se despoja todavía de sus pañales, por más que quiera cubrirse su desnudez con el atavío brillante de oropeladas afirmaciones dogmáticas. Cuando la cruel elocuencia de los guarismos desgarra ese atavío, llega el estremecimiento de la realidad pavorosa que sintió el jefe del Ejecutivo cuando oyó ese discurso, por más que un ministro hubiera deseado paliar la situación llamando exageraciones al saldo de una estadística, más o menos errónea, pero no por eso menos tangible y abrumadora.
            He aquí nuestra realidad nacional: por una parte, el adelanto material de la República, el único hasta cierto punto efectivo, con 14 573 kilómetros de ferrocarriles, 45 740 kilómetros de líneas telegráficas, construcciones y reconstrucciones de fincas, edificios públicos construidos, con un valor nominal exagerado y un valor efectivo insignificante, edificios escolares inadecuados y peligrosos, etc., etc., y por la otra, el adelanto intelectual, rudimentario, nebuloso, vacilante, con el contrapeso enorme de ocho millones de analfabetos. Total: una vestidura brillante, mucha pompa, mucha alharaca, mucha claque, mucho humo, ocultando una civilización rudimentaria que ni con mucho nos hará libres, ni con mucho nos hará respetables.
            Ya está arrojado con mano firme sobre el bufete de nuestro gobierno el saldo de nuestra pretenciosa civilización. Veamos si continúan nuestros gobernantes cruzados de brazos ante el pavoroso problema.

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