Regeneración N° 23, 23 enero 1901

POBRE JALISCO

Los desaciertos administrativos del Gobierno de Jalisco, parece que tienden a la ruina de esa entidad federativa que cuenta con vastos elementos de vitalidad y energías. El pueblo jalisciense se ha distinguido por su laboriosidad y talento. Tiene un foro ventajosamente reputado y entre sus industriales y comerciantes hay energías bien encarriladas. Pero su adelanto se ha estancado, porque la deficiente labor administrativa del Sr. Curiel pone un valladar a todas las energías y un obstáculo a todos los progresos.

Los hombres de iniciativa, los que proporcionan la vitalidad a un pueblo, han huido de Jalisco ante un error económico lamentable: la oposición de la legislatura a conceder franquicias a las industrias nacientes.

La avaricia es una mala consejera, y más aún aplicándose a elementos que van a sumarse a la actividad general. El Gobierno de Jalisco es avaro ante el progreso del Estado y se muestra manirroto para favorecer personalidades ineptas de la camarilla oficial.

La avaricia opuesta a las solicitudes de franquicias, aleja al elemento activo vigoroso, que va en busca de otro Gobierno más liberal y que mejor comprenda los rudimentos económicos. Jalisco pierde entonces un elemento activo, porque su Gobierno ha descuidado conceder algo que después recobrará con creces. La industria que nace con vacilaciones y tropiezos, necesita franquicias que la alienten y vigoricen y no exacciones que la empobrezcan y consuman. Los impuestos excesivos, la matan al nacer. Por el contrario, la exención de contribuciones prolongan una vida próspera, que se sumará después al adelanto del Estado, y a la mayor producción de rentas de éste. Puede citarse como ejemplo el Estado de Nuevo León, cuyo Gobierno ha acogido liberalmente a los industriales haciéndolos prosperar con las concesiones de franquicias provechosas.

Pero el Gobierno de Jalisco desatiende esos principios económicos, espoleado por su afán de acumular rentas que después se invierten en contratos onerosos, torpes e ineficaces, como el del saneamiento. Su codicia ahuyenta a los hombres de empresa y empobrece al Erario. En cambio, se decretan crecidos impuestos sobre el pequeño comercio, el que también desaparecerá, cuando se convenza de que los productos sanos de sus esfuerzos se dividirán con el Gobierno, un socio que en vez de producir, consume.

Nos afecta cordialmente la situación precaria de Jalisco, que nos da el espectáculo de un pueblo vigoroso y apto, que será aniquilado por los errores administrativos de su Gobierno inepto.