Regeneración N° 24, 31 enero 1901

LA ESCLAVITUD EN YUCATÁN

El Estado de Yucatán, mal administrado por un gobernador que no tiene empacho en dar oídos a los conciliábulos de sacristía, y de prestar atención a las disolventes doctrinas de la cátedra sagrada, suspirando por la época en que gozaba del favor de Maximiliano, ese lejano Estado, sufre las consecuencias de tener al frente un hombre que en nada se preocupa por su adelanto.

Nuestro corresponsal en Mérida, nos pone en conocimiento de la triste situación que guarda el proletariado en Yucatán. Nos dice, que los Jefes Políticos son otros tantos sátrapas, que abusando de la ignorancia del pueblo, obligan a los ciudadanos a prestar servicios personales sin la correspondiente retribución, remitiéndolos entre fuerza armada a los trabajos del ferrocarril S. O., distantes más de ciento cincuenta kilómetros de sus hogares.

Sucede, que si el trabajador forzado está enfermo o se excusa a emprender la marcha, se le exige la suma de cuarenta pesos para reemplazarlo; reemplazo que nunca se hace efectivo.

Cuando, cumplido el plazo, regresan a sus casas los infelices forzados, se les obliga a prestar otra clase de servicios, y si no los pueden prestar, se les cobra cuatro pesos, repitiéndose tan odiosa contribución, tres veces durante un año. De modo, que las familias quedan sin sustento, sólo porque así place a los tiranuelos del pueblo.

Esta vergonzosa esclavitud, trae serios prejuicios para la paz y el orden que deben reinar en la República, paz y orden de que tanto alarde hacen los incondicionales aduladores del Poder, en su afán de atraerse sus favores.

Esa esclavitud ha dado por resultado el levantamiento de Yoksonot1 y otras poblaciones del Estado de Yucatán, que han tomado las armas, uniéndose a los mayas rebeldes, que son los enemigos jurados de la civilización.

Esa situación anárquica, no es más que el resultado de las vejaciones y atropellos de que son víctimas los ciudadanos, que no obteniendo justicia y viendo violada la ley, han creído encontrar la venganza destruyendo la paz.

Urgentísimo es evitar esas extorsiones contra el desheredado. Es urgente para el buen nombre de la República y para que no sucedan más levantamientos como los que hemos apuntado, ocasionados por autoridades arbitrarias y despóticas.

Lo conveniente sería poner al frente del Estado a un gobernante liberal y progresista, que tenga ideales sanos y no de oídos a los conciliábulos de sacristía, ni preste atención a las disolventes doctrinas de la cátedra sagrada.

1 Refierese al alzamiento, el 19 de noviembre de 1900, de 250 hombres de los pueblos de Yokdzonot y San Antonio Muyil, partido de Tizimín, los que, bajo la dirección del cacique José María Puc, buscaron obstaculizar las operaciones de las fuerzas federales participantes en la última escalada de la Guerra de Castas. Fueron inmediatamente dispersados y capturados por la Guardia Nacional.