Regeneración N° 24, 31 enero 1901

NOTAS DE CADEREYTA  MÉNDEZ, QUERETARO.

Prometimos en un número anterior1 mayores datos sobre la situación anormal de Cadereyta y cumplimos ahora nuestro ofrecimiento.

Se nos dice que el cacicazgo esta formado de la siguiente manera: el Jefe Político Luis Trejo, que ejerce también como Notario Público, ha reunido a su derredor a todos sus parientes afines: Juan Anaya, secretario de la Jefatura: Jesús Anaya, tesorero del Municipio; Antonio Anaya, Secretario del Ayuntamiento y Eutimio Anaya, Munícipe. Hay que advertir  que todos los individuos mencionados son también Regidores, siendo además el último, escribiente del Juzgado de 1ª Instancia. También gustan estos individuos de patrocinar negocios civiles y de defender reos.

No necesita comentarios lo anteriormente expuesto. Nuestros lectores comprenderán, porque la experiencia lo ha demostrado, que cuando una situación social o política está regida por individuos entre quienes existe el lazo estrechísimo del parentesco, surge el egoísmo, y los intereses comunales se  sofocan y ahogan en aras de un cacicazgo. Esto sucede en Cadereyta. Allí no tiene valimiento personas de saber y aquilatada competencia. Allí los únicos que vencen son los parientes del Jefe Político adueñados de esos dos tremendos elementos de presión, el político y el municipal.

Pero esto sería insignificante, si no se agregan otras consideraciones. El Secretario de Prefectura, ha llegado a ser un defensor obligado de los presos. Jesús Anaya fue destituido, según nuestro informante, del cargo de recaudación de Rentas, sin embargo, desempeña el empleo de Tesorero Municipal. Antonio Anaya percibe el sueldo de Secretario del Ayuntamiento, y se asegura que no reside en la población. El Ayuntamiento nunca funciona. Todo se arregla en un consejo de familia, de sabor patriarcal; y hasta las hijas del Jefe Político tiene injerencia en los empleos, pues una de ellas maneja los fondos para el sustento de los presos y otra tiene el encargo de proveer el alumbrado público.

            Con estos antecedentes, se comprenderá el grado de abandono en que yacen los ramos municipales: los presos, al servicio doméstico del Jefe Político; el alumbrado, vacilante y pavoroso incitando al asalto y al crimen, las calles abandonadas, viéndose obligados los particulares a ocuparse de la limpia y el aseo de la población; las fuentes públicas en una ruina lamentable, carentes de agua, viéndose también obligados los particulares a hacer ese servicio, no sin que surjan dificultades que naturalmente arreglan los defensores obligados, que encuentran un filo en ese desbarajuste.

Desesperados se hallan los vecinos de Cadereyta con esa situación oprimente y escandalosa. Tenemos más datos que por falta de espacio no transcribimos; pero prometemos a nuestros lectores que los conocerán por el número próximo.

1 Véase supra,art. núm. 252.