Regeneración N° 25, 7 febrero 1901

EL PREFECTO DE MINA, GUERRERO

En otro lugar1 publicamos una carta del Sr. José María Borja, en la que se queja de las arbitrariedades cometidas en su persona por el Prefecto Político del Distrito de Mina, Estado de Guerrero, anunciándonos que ha acusado al referido Prefecto, ante el Supremo Tribunal de Justicia el Estado. El hecho delictuoso cometido por esa autoridad, es el siguiente:

Se hallaba el Sr. Borja en la tienda de D. Leandro Chávez, ubicada en Coyuca de Catalán, departiendo amigablemente con los Srs. Perfecto R. Albarrán y Manuel Espinosa Gudiño, cuando se presentó un individuo titulándose jefe de la gendarmería, quien notificó a los referidos Señores que el Prefecto Político, D. Julio M. Vélez, ordenaba que se retirasen inmediatamente de ese lugar. Lo infundado del ordenamiento referido y la ignorancia de que el intermediario fuese policía, pues no llevaba distintivo alguno, hizo que los mencionados señores le exigiesen una orden por escrito.

Esta contestación irritó al Prefecto Político, quien pocos momentos después se presentó encolerizado en el lugar de los sucesos e intimó al Sr. Borja para que se entregase en calidad de preso, y como este señor le preguntara la causa del procedimiento, el Prefecto repitió su intimación y a empellones hizo salir de la tienda al Sr. Borja, privándolo de su libertad.

Tan ultrajante procedimiento, desconsoladoramente arbitrario, impulsó al Sr. Borja a presentar su acusación contra ese autócrata de provincia, por ataque a la libertad individual, delito previsto por el artículo 887 del Código Penal del Estado, y por violación flagrante del art. 16 de la Constitución Federal. Daremos a conocer a nuestros lectores el comportamiento del Tribunal Superior.

Hizo bien el Sr. Borja al acudir a los tribunales en demanda de justicia. Se suceden con irritante frecuencia los actos arbitrarios de las autoridades políticas de los Estados. Las quejas al Gobierno serían inútiles, porque en el interés del Gobierno está sostener a esos autócratas. Es, pues, forzoso batirlos en el terreno legal. Creemos que el frecuente ejercicio de este derecho, calmará un tanto la altivez de esos déspotas.

1  Vid.  “Prefecto Político arbitrario”, Regeneración, no. 25, 1 de febrero, 1901.