Regeneración N° 25, 7 febrero 1901

JUEZ POCO ESCRUPULOSO

Hemos dado a conocer a nuestros lectores la protesta enérgica que en San Luis Potosí publicó el Sr. Antonio Díaz Soto y Gama, contra las arbitrariedades de que, en unión de D. José María Facha, fue víctima por parte del Juez Benito Carrizales y el agente del Ministerio Público Mariano Niño. El asunto ha tomado una dirección que nadie se esperaba. El Juez Carrizales se creyó injuriado por esta protesta y presentó acusación en contra del Sr. Díaz Soto, fundándose en el art. 917 del Código Penal.

Se abrió la puerta falsa de todas las autoridades arbitrarias. Sufre el Sr. Díaz Soto una vejación indigna al ser registrado en su persona por una autoridad despótica y sufre un atropello al ser arrojado de un lugar en donde tenía derecho de permanecer conforme a la ley. La arbitrariedad palmaria se resuelve en una protesta enérgica del ofendido. Entonces la autoridad, acordándose de que es funcionario público, carácter que olvidó cuando procedía al registro personal del Sr. Díaz Soto, siente ofendida su dignidad de distribuidor de justicia y presenta una querella de injurias contra la víctima de sus actos arbitrarios.

Si la protesta publicada por el Sr. Díaz Soto, fue leída con la vibrante indignación de los hombres honrados que odian los atropellos y las vejaciones, la acusación del Sr. Carrizales ha sido conocida con mayor indignación todavía, que no dudamos se resolverá en una protesta, más enérgica aún, pero lanzada a los cuatro vientos de la publicidad, por una sociedad que no puede sufrir más vejaciones y tropelías por parte de autoridades que alardean de un poder neciamente puesto en sus manos.

El Sr. Díaz Soto ha contestado esa acusación digna y valientemente. Manifestó que pedía se hiciera cesar todo procedimiento en su contra en virtud de no haber hecho ninguna apreciación general sobre la conducta del funcionario que se dice ultrajado, sino simples imputaciones precisas y concretas sobre un hecho determinado, el abuso de autoridad, y que estando pendiente una acusación ante el tribunal pleno, del resultado de esta acusación y de las averiguaciones consiguientes, dependerá el saber si aquellas imputaciones son calumniosas y están justificadas. Agregó, que no había atacado la vida privada, sino la pública del funcionario querellante y que estaba protegido por los principios liberales sobre la libertad de imprenta.

Ya hablaremos de este asunto. Nos indignan las arbitrariedades y más nos indigna aún, que la autoridad arbitraria. Sin escrúpulos de ningún género, busque un apoyo en esa ley que tanto ha estropeado y tan frecuentemente ha escarnecido.