Regeneración N° 27, 23 febrero 1901

LOS FERROCARRILES DEL DISTRITO

Una Empresa protegida por un Gobierno complaciente, es una empresa que abusa. La de los Ferrocarriles del Distrito proporciona la confirmación de esa verdad axiomática.

La compañía mencionada debe sujetarse a un Reglamento emanado del estudio de las necesidades públicas, y esa obligación debe haberse previsto en la ley-contrato de concesión, terminante y claramente, sin obscuridades que conduzcan a las dislocaciones de una interpretación acomodaticia. Y sin embargo, no se obedece el reglamento ni se respeta al público, ni se cumple la ley-contrato.

Hay un artículo terminante, ineludible, en ese Reglamento. Se refiere a la obligación de la Empresa de poner al servicio público el número de carros suficientes a la comodidad de los viajeros. Ese precepto imperativo se desobedece sin escrúpulos, y ara acentuar esa desobediencia, los carros llevan en gruesos caracteres una elevada cifra indicadora del número de pasajeros que deben ocuparlos. Para los motores eléctricos se ha fijado el número de 45 pasajeros y únicamente pueden viajar sentados 24.

Esta violación al Reglamento es más notable en los carros de San Ángel, y sobre todo, en los viajes de mediodía. Esa muchedumbre compacta desdice de nuestra ilustración, por el espectáculo repugnante de todas las aglomeraciones. La incomodidad del viaje ha producido innumerables quejas, y sin embargo, la Empresa sigue sorda y el Gobierno continúa complaciente.

Es necesario que se ponga un remedio enérgico. Si la Empresa no desea cumplir con el contrato y el Reglamento, se impone una declaración de caducidad que deje franca la entrada a la competencia. De todas maneras, esa Compañía irrespetuosa nos ha demostrado que burla ley, porque el Gobierno consiente esa burla. Un Gobierno que se deja burlar impunemente, no merece la confianza popular.