Regeneración N° 28, 28 febrero 1901

EL CASINO GARITO

Nuevamente ha abierto sus puertas a los tahúres, cierto Casino de la Capital. El Universal, estimado colega que con denuedo y brío atacó ese procedimiento indecoroso, ha afilado nuevamente su pluma y ha dejado caer en sus columnas la protesta de los hombres honrados.

En México, en donde las sanas distracciones nocturnas son escasas, un Casino debería ser el centro de las reuniones lícitas y no el corrompido foco de escándalo y maldad. Si entre los miembros de ese Casino hay individuos que gustan de solazarse con las escabrosas peripecias de un juego inmoral, deben alejarse de allí y refugiar su codicia en las asquerosos barracas de la feria de Tacubaya. Allí pueden satisfacer sus apetitos innobles, entre carcamaneros y mesalinas. Pero no confundan un centro decente, con un tugurio en donde anida el robo.

Nunca será suficientemente condenada la actitud de nuestro Gobierno en lo que al juego se refiere. No basta burlar las disposiciones imperativas del Código Penal que prohíbe esos desplumadores. Es forzoso, para obtener mayor lucro, invadir centros honorables con licencias torpemente concedidas. La historia fallará enérgicamente sobre estas violaciones a la ley.