Regeneración N° 29, 7 marzo 1901

CORRE SANGRE EN VERACRUZ

Lea el público y convénzase de que en el Estado de Veracruz asesinan las autoridades.

José Therel, es uno de los miembros más ricos de la colonia San Rafael, cantón de Jalacingo, a quien una partida de bandoleros le robó mil pesos.

Un tal Miguel Vera, caciquillo de aldea, para atraerse la buena voluntad del acaudalado Therel, se puso en persecución de los bandidos, y no encontrándolos, habilitó de tal a un pobre hombre, Julián Moreno, a quien califico de sospechoso.

Hay que notar, que no había ni ligeros indicios de que Moreno fuera uno de los ladrones.

No obstante esto, Therel, otro individuo llamado Julio Oucillet y el caciquillo Vera, se pusieron de acuerdo para hacer un escarmiento a toda costa, en la persona del infeliz Moreno, a quien sin ser juzgado por la autoridad judicial, ni siquiera identificarlo, el Jefe Político de Jalacingo mando que se asesinara al sospechoso aplicándole la bárbara y salvaje ley fuga.

Se asegura, que el crimen se fraguó mediante cierta cantidad de dinero.

Se ve por lo anterior, que en Veracruz no se respeta la vida de los ciudadanos; que por paga se asesina a los hombres; que para vivir ahí, se necesita tener la espina dorsal más flexible que una caña de la india: ser sordo para no oír el inmoral retintín de las casas de juego, ciego para no ver los desaciertos de la administración de Dehesa, y mudo para que las protestas se ahoguen en la garganta.

Es bochornoso todo eso. Es anárquico en grado sumo que llegue a temerse más a un Jefe Político, como el de Jalacingo, que al que al salteador de caminos más desalmado, porque cuando la autoridad, que debe velar por las vidas y las haciendas de los ciudadanos, revuelca su prestigió en un charco de sangre ¿qué garantías ni qué seguridad pueden tener los hombres honrados? ¿qué confianza se podrá depositar en una autoridad que, como ese Jefe Político no tiene conciencia de su misión, ni escrúpulo de ninguna clase en que su marcha administrativa, deje como un recuerdo preñado de maldiciones, la huella sanguinolenta de sus crímenes?

Dehesa debe castigar la maldad de sus Jefes Políticos, si quiere tener algo bueno en su torpe y descabellada administración.