Regeneración N° 29, 7 marzo 1901

EL JUEZ RIVERA NOS DENUNCIA

El. Lic. José Rivera, Juez de 1ª Instancia del Distrito de Teziutlán, Puebla, ha descarrilado su criterio jurídico y ha cruzado sus armas con nosotros. Aceptamos el reto, por más que nuestras armas sean desiguales: el Juez Rivera esgrime la denuncia torpe auxiliada por la chicana judicial y nosotros esgrimiremos la ley.

Parece que nuestro artículo » El Juez Modelo,”1 que se publicó en el número 17 de REGENERACIÓN, levantó ámpula en el Juez Rivera. Dejó pasar muchos días (nuestro artículo se publicó el 7 de Diciembre pasado) y después de consultar, probablemente, con el Gobernador Martínez, decidió presentar su querella ante un Juez complaciente que no tuvo escrúpulos para acogerla con benevolencia. Resultado: un exhorto que diligenció en esta Capital, con todo sigilo y con reticencias y misterios, el Juez 1º Correccional Lic. Wistano Velázquez. En virtud de ese exhorto, se recogió el original del párrafo denunciado y se llamo a declarar a los Directores de este periódico.

Mal camino escogió el Juez Rivera. Es el camino de todos los que no pueden defender sus actos. Promover una querella, es muy sencillo; probar que se cumple con un deber, es muy difícil, cuando este deber no se cumple. De estos dos caminos, se escogita el más llano, por más que no sea el más correcto: el de la denuncia. Y el Juez Rivera se presentó denunciando nuestro artículo «Un Juez Modelo.”

Por otra parte, esa misma denuncia abulta la escasa ilustración del Juez Rivera y del funcionario que le dio entrada. Ignoran estos Señores, a pesar de ser letrados, más aún, a pesar de ser funcionarios públicos, esto que es rudimentario: el Juez de Teziutlán no es competente para conocer de este asunto. Si el párrafo denunciado envolviera un delito, ese delito se cometió en esta Capital. Estos jueces son los competentes para juzgarlo, y no el de Teziutlán, que ante la ley es un advenedizo y un invasor de jurisdicciones.

Pero esta denuncia provocará el que, sin egoísmos que no conocemos, sepan por nuestro conducto, el Juez Rivera y su congénere el exhortante, que la Suprema Corte ha declarado, en una ejecutoria pronunciada el año anterior, que los delitos de imprenta no son continuos, sino instantáneos. Instantáneos, Sr. Juez, son aquellos que, una vez cometidos, cesan por este mismo hecho, sin poder prolongarse más allá; y continuos, aquellos que persisten durante un término más o menos largo, quizá indefinido. Los delitos de injuria, difamación y calumnia (que son el estribillo de todas las denuncias contra periodistas) son instantáneos porque la acción del agente concluye desde el momento en que se lanza la última frase, por más que la prensa la lleve hasta Teziutlán para prenderla en los oídos del Juez Rivera.

Decíamos, que la Suprema Corte ha declarado que esos delitos, cuando se cometen por la prensa, son instantáneos, porque la publicidad no es un elemento constitutivo de esos delitos, sino una circunstancia agravante, conforme a la ley, y no siendo la publicidad lo que constituye esos delitos, no puede sostenerse que la circulación de un periódico da competencia a los Jueces de los distintos lugares donde reciben los lectores del mismo, y donde mal desempeñan sus funciones los Riveras que abundan en la judicatura.

No creemos que el Juez Rivera y su congénere, tengan la pretensión de sobrepujar en conocimientos jurídicos a la Suprema Corte, y por lo mismo, esperamos que sus procedimientos abortarán, salvo el que se pretenda cometer una arbitrariedad, para las que son muy hábiles las  autoridades de Puebla. Por eso decimos que nuestras armas eran desiguales: ante la arbitrariedad, la ley es un juguete.

Esperamos que el Juez Rivera ocupe el tiempo que pierde en denuncias y en solazarse con el Agente de Distrito en los balcones del juzgado, en instruirse y encarrilar su criterio. De otra manera siempre será «Un Juez Modelo» entre los perniciosos de la República.

1  Véase supra,art. núm. 176.