Regeneración N° 29, 7 marzo 1901

Monstruosidades Magistrales

Lo siguiente basta para formarse una idea, bien triste por cierto, de cómo se administra la Justicia en San Luis Potosí.
            El 25 del pasado Febrero fueron puestos en libertad los reos Benito Posadas, Filiberto Noyola, Braulio Campeán y Herculano García procesados por complicidad en el homicidio del Diputado Luis Castro y sentenciados por el Tribunal de San Luis Potosí a sufrir la pena de  8 años, 9 meses y 28 días de prisión, conforme al fallo que acaban de pronunciar los Magistrados.
            Esos hombres fueron aprehendidos en el siguiente orden: Posadas, el 7 de diciembre de 1891; Noyola, el 11 del mismo mes y año, y Compeán y García, el 13 de Diciembre de 1891.
            De modo que a los 9 años, 2 meses, 12 días de la aprehensión de los delincuentes, los Magistrados potosinos dictaron una sentencia, según la que los desgraciados reos sufrieron 4 meses, 4 días más de prisión, y sin que antes hubieran podido obtener su libertad preparatoria, a la que tenían derecho, en virtud de haber observado un conducta ejemplar durante su prisión, como lo prueba el hecho de que los cuatro presos eran Jefes de crujía o macheteros.
            ¿Se pretenderá negar todavía que la administración potosina es pésima? ¿Habrá alguien que trate de defender al clerical Gobernador diciendo que ese Estado es modelo? Nosotros creemos que sí es modelo, en efecto; pero modelo entre los mal administrados.
            Esos infelices que pudieron haber obtenido su libertad preparatoria, no sólo no la alcanzaron, sino que sufrieron unos meses más de encierro por obra y gracia de Magistrados negligentes y nada escrupulosos para cumplir con su deber.
            Esos Magistrados no comprenden que la libertad del hombre es sagrada, como no comprende Carrizales que no está bien que sea apoderado de Montes de Oca.
            Pero el verdadero culpable es el Gobernador Escontría, que sólo por favorecer a los clericales, pone en los puestos públicos a hombres para quienes es demasiado elevada la categoría del empleo que les da, cuando apenas podrían desempeñar, y no ventajosamente por cierto, el último de los juzgados de paz.