Regeneración N° 29, 7 marzo 1901

LAS VENGANZAS DEL PODER

Nuestro querido, valiente y honrado colega El Combate, de Hermosillo, Sonora, ha circulado profusamente un alcance, en el que se refiere al alevoso atentado de que fue víctima el Sr. Lic. D. J. Jesús Pesqueira por parte de un individuo llamado Manuel R. Uruchurtu1, protegido del Gobierno de Sonora.

El Gobierno de Sonora trataba de ejercitar una innoble venganza en la persona del digno Sr. Pesqueira, porque este caballero, portándose como buen ciudadano, ha dado a conocer todo lo podrido y todo lo nauseabundo que esconde la funesta administración sonorense.

Pero el poder no podía poner preso al Sr. Lic. Pesqueira, en virtud de haber obrado dentro de los límites de un derecho justísimo. Para resolver la cuestión, se decidió a buscar un valiente y la elección recayó en Uruchurtu. Éste que conoce perfectamente la entereza de carácter del Sr. Pesqueira, temió salir mal librado de la empresa, y para darse el valor que le faltaba ahogó su cobardía en alcohol.

Envalentonado por la bebida, se dirigió a la casa del Sr. Pesqueira a quien provocó, y antes de que este caballero pudiera defenderse, Uruchurtu le asestó cuatro tremendos bastonazos.

Hay que tener en cuenta que el valiente estaba de acuerdo con el Prefecto Francisco M. Aguilar y el Cabo de la Policía, quienes se abalanzaron sobre el Sr. Pesqueira, asegurándolo como si él hubiera sido el golpeador y no Uruchurtu, a quien dejaron que se marchase tranquilamente a la casa del Gral. Luis E. Torres2, donde se negaba después a acatar la intimación del Juez para darse preso, diciendo, que ya era cosa arreglada con el referido general.

Por fin se le condujo a la cárcel y se le alojó en la alcaldía a donde le llevaron cama, mesa y cuantos muebles hubo a la mano para rodearlo de comodidades y de atenciones, al contrario de cómo se trata a los periodistas, que tienen que sufrir la ingrata compañía de los criminales más empedernidos, dormir en el suelo y sin abrigos y soportar toda una serie de vejaciones y atropellos.

Esa venganza ruin y cobarde, ejercida contra un ciudadano honrado y sin respetar a la esposa que estaba presente, ni la morada de la víctima, hace comprender todo lo tiránica y despótica que es la administración sonorense, a la vez que causa asco su modo de vengarse por medio de valientes, que por servir al amo, llegan a ejercer su felonía contra personas indefensas, cuyo delito ha sido desenmascarar a tiranos, flagelar a los déspotas y hacer ver al pueblo sonorense, que sobre él pesan autócratas que harían brillante papel mandando una horda de cafres.

La civilización exige que cuanto antes se vea libre Sonora de tanto tiranuelo, cuya labor se reduce a exhibirnos como un pueblo degradado, que camina a fuerza de estimularlo con el látigo del capataz.

1 Manuel R. Uruchurtu (1874-1912). Abogado sonorense. Magistrado Fiscal del Superior Tribunal de Justicia de Sonora, de 1901 a 1903. Autor de una biografía de Ramón Corral, publicada en 1910. Secretario de Joaquín D. Casasús; representante del gobierno mexicano en el juicio arbitral sobre  El Chamizal.

2 Luis E. Torres.(1844-1935). Militar chihuahense. Combatiente contra la intervención francesa. Partidario del Plan de la Noria en 1871. Elegido gobernador constitucional para el periodo 1879-81Volvió a ocupar el gobierno estatal en 1883-7, 1891, 1899-1903, 1907-11. Extendió su influencia política a Sinaloa, Tepic y Baja California, con la colaboración de Ramón Corral, Rafael Izábal y Lorenzo Torres. Ejecutor de la campaña contra los yaquis en 1899. Promovió la deportación de los rebeldes a Yucatán. En 1911 se exilió en Los Ángeles, donde murió.